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Propendemos a proveer una mejor comprensión, balanceada, del conflicto árabe - israelí en el contexto de la globalización.

27 julio 2006

De la guerra a la paz

El conflicto en Líbano es uno organizado por las fuerzas radicales de la región que rechazan cualquier arreglo con Israel.

Por JOSCHKA FISCHER, Ex ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania entre1998 y 2005.


Haifa, Beirut y muchos otros pueblos y ciudades libaneses e israelíes están bajo fuego. En todo el mundo, las reacciones ante las imágenes de la destrucción y la muerte en el Líbano, pero también en Gaza e Israel, han sido de horror.

Por supuesto, se sabía que Hezbollá había estado acumulando un arsenal de cohetes y misiles guiados. Tampoco era secreto que Hezbollá opera como un Estado dentro de otro Estado. Es Hezbollá, y no el gobierno libanés y su ejército, quien ha controlado la frontera libanesa-israelí desde el retiro de Israel del sur de Líbano en 2000.

Aunque esta milicia tiene dos ministros en el gobierno libanés y varios parlamentarios, no actúa en favor de los intereses del Estado libanés. Más bien, sus intereses se definen en Damasco o Teherán, de donde proviene gran parte de su arsenal. Este control externo es la causa principal de la tragedia actual, que esencialmente constituye una "guerra por intermediario".

Recordemos la causa principal de esta guerra. Al interior de Hamas, fuertemente influenciado por Siria e Irán, había surgido un debate serio sobre si la organización debía reconocer a Israel o no. El acuerdo era inminente cuando la cúpula de Hamas en el extranjero (con sede en Damasco) ordenó atacar un puesto militar israelí, en el que varios soldados murieron y uno fue secuestrado.

Era obvio que se esperaba la respuesta militar masiva. El consenso palestino que estaba surgiendo fue torpedeado y el reconocimiento de Israel resultó irrelevante, de forma que los radicales triunfaron de nuevo.

Unos días después, Hezbollá siguió el ejemplo y secuestró a otros dos soldados israelíes en la frontera libanesa-israelí. Esto dejó ver que Hamas y Hezbollá habían coordinado sus acciones para provocar una confrontación a gran escala con Israel. Todo sucedió unos días antes de la reunión del G-8 en San Petersburgo, donde la cuestión de las ambiciones nucleares de Irán era una prioridad.

La actual guerra en Líbano no es una guerra del mundo árabe contra Israel; más bien, es una guerra organizada por las fuerzas radicales de la región que rechazan esencialmente cualquier arreglo con Israel. Se buscó el conflicto por tres razones: para aliviar la presión de la comunidad palestina sobre Hamas para reconocer a Israel; para socavar la democratización en Líbano, que estaba marginalizando a Siria, y para desviar la atención sobre la incipiente disputa por el programa nuclear de Irán.

Los gobiernos árabes moderados entienden perfectamente lo que está en juego en esta guerra: se trata de la hegemonía regional en el caso de Siria con Líbano y Palestina y, a nivel más amplio, de las ambiciones hegemónicas de Irán sobre todo el Medio Oriente.

Sin embargo, la guerra en Líbano y Gaza bien puede resultar un error de cálculo por parte de los radicales. Al disparar misiles contra Haifa se ha cruzado una frontera, con graves consecuencias. De ahora en adelante, ya no se trata principalmente de una cuestión de territorio, restitución u ocupación. Ahora, la cuestión central es la amenaza estratégica a la existencia de Israel.

Este error de cálculo resultará evidente a medida que se desarrollen cuatro acontecimientos. Primero, que Israel se niegue a caer en una guerra terrestre en Líbano.

Segundo, que se aplique la Resolución 1559 de Naciones Unidas, que prevé el desarme de todas las milicias del Líbano.

Tercero, que la actual coalición "antihegemonía" de facto compuesta por los países árabes moderados se convierta en una iniciativa de paz vigorosa y seria;

Y cuarto, que el Cuarteto del Medio Oriente, encabezado por EE.UU., participe activamente para dar una solución viable y proporcione las garantías políticas, económicas y militares necesarias para mantenerla con el tiempo.

Nueva oportunidad

Israel tiene un papel clave que desempeñar en esto. Dos veces retiró sus tropas unilateralmente tras las fronteras reconocidas, es decir, del sur de Líbano y de Gaza. Las dos veces, la fórmula de Israel de tierra por paz dio como resultado tierra por guerra. Ahora, con la existencia de Israel amenazada, la paz con sus vecinos parece una posibilidad más remota que nunca.

Pero yo creo que la actual guerra en el Líbano puede abrir una nueva oportunidad para la paz. Mientras más pronto callen los cañones en Líbano, mejor.

La seguridad de Israel hace que no sean negociables una reestructuración de la organización interna de Líbano y la garantía de su soberanía como Estado. Hay que jugar el as sirio y hacer que el Presidente Bashar Al Assad transite el camino de la normalización. Con las Alturas del Golán, Israel tiene en sus manos el elemento clave. Sin Siria, Irán estaría solo. A Irak también le beneficiaría este paso.

Por último, la situación no es tan desesperada para los palestinos como parece. En las cárceles de Israel se ha desarrollado un consenso entre los principales prisioneros de Al Fatah y Hamas en cuanto a aceptar un Estado palestino con las fronteras de 1967. Es necesario apoyar este nuevo realismo.

Pero hablando honestamente, no se puede superar la fecha histórica de junio de 1967 (para ambos bandos).

Puesto que esta guerra está dirigida contra la existencia de Israel, la seguridad estratégica, y por lo tanto regional, cobrará una importancia mucho mayor. Actualmente, Israel pone énfasis en la disuasión masiva, pero ahora haría bien en utilizar las posibilidades políticas y diplomáticas que esta guerra ofrece y tomar la iniciativa desde una posición de fuerza para ofrecer una paz integral a todos los que estén dispuestos a reconocer su existencia y renunciar permanentemente a la violencia, no sólo de palabra, sino de hecho.

Ha llegado el momento de pensar en grande. Esto se aplica no sólo a Israel y sus vecinos, sino también a EE.UU. y Europa. Esta guerra ofrece una oportunidad para la paz duradera. No hay que dejar que se escape.

(EL MERCURIO, 27 de julio 2006)