Reflexiones sobre el involucramiento de Israel en Líbano
Por DAVID COHEN
Desde que se fundó el Estado de Israel siempre se pensó que el Líbano sería el segundo país en firmar la paz con Israel, porque prácticamente no existía ningún problema limítrofe entre los dos países.
Entonces, se suponía que una vez que uno de los países grandes del mundo árabe firmaría la paz, inmediatamente se abrirían las puertas para que este país más pequeño siguiera el ejemplo. Sin embargo, cuando Egipto firmó la paz con Israel, en 1979, el Líbano se encontraba en medio de una guerra civil y no estaba en condiciones de concretar este desafío.Menciono esta situación para destacar que mi país nunca ha tenido una actitud de beligerancia contra el Líbano sino, al contrario, pues el objetivo de Israel siempre ha sido alcanzar la paz y desarrollar relaciones acordes a dos países que tienen mucho en común y que, por ejemplo, han pasado períodos de franca cercanía, como en los años ´50 y ´60, cuando los guardias fronterizos de ambos países tomaban café juntos, o más tarde cuando el sector cristiano libanés manifestaba sus simpatías por Israel.
Cabe destacar que cuando Israel cumplió en el año 2000 con la resolución 425 de la ONU y se retiró completamente de la franja de seguridad que ocupaba en el sur del Líbano, los miembros del Ejército del Sur del Líbano, que compartían con Israel la custodia de esa zona, nos hicieron notar que era un error retirarse en las condiciones estipuladas por la ONU. Sin embargo, Israel, bajo la presión de la comunidad internacional y la visión del Primer Ministro Ehud Barak, quiso demostrar que le interesaba solamente la paz en la región y emprendió la retirada.
Paralelamente, los soldados del Ejército del Sur del Líbano se refugiaron en Israel por temor a Hezbolá, que tomó el control de la zona.En estos seis años desde la retirada israelí, el grupo Hezbolá, que debería haberse desmantelado y desarmado de acuerdo a la resolución 1559 de la ONU, no lo hizo y, por el contrario, se fortaleció militarmente. Asimismo, el gobierno del Líbano, que estaba obligado a desplegar su ejército en la frontera con Israel, tampoco cumplió con el mandato de la ONU.
En relación con lo anterior, quisiera comentar que me tocó ser embajador de Israel en El Salvador entre 1990 y 1993, período en el que se libraba una guerra civil con la presencia de la guerrilla FMLN. Durante mi estadía en este país, se llevó a cabo un exitoso proceso que finalizó con un acuerdo que permitió a la guerrilla entrar al juego político, participar en las elecciones e, inclusive, ganar la mayoría parlamentaria, todo lo cual se logró previo desarme y desmantelamiento de las milicias, como corresponde en un proceso de esta naturaleza.
Por el contrario, en el Líbano, una vez que Israel se retiró el año 2000, Hezbolá ingresó al juego político, entró al parlamento y a la coalición gobernante (17 diputados y 2 ministros), pero no se desmanteló y mantuvo su activismo armado, incluso en contra de las resoluciones explícitas de la ONU.
En vez de esto, Hezbolá comenzó a armarse, gracias al apoyo financiero e ideológico de Irán y a la colaboración estratégica de Siria que lo abasteció de misiles katiushas, los cuales provenían del arsenal sirio formado a lo largo de los años con material bélico procedente de la URSS y luego de Rusia.
Lamentablemente, todos hemos sido testigos de cómo el 12 de julio se inició el ataque de Hezbolá a toda la zona norte de Israel y se realizó una operación dentro de territorio israelí que terminó con ocho soldados muertos y otros dos secuestrados, dando origen a una operación del Ejército israelí para impedir los ataques. Lamentablemente, en el último mes Israel ha recibido en promedio unos 160 misiles diariamente, lo que ha paralizado el norte del país y ha generado el éxodo de un millón de desplazados hacia el centro de Israel, con serios efectos sobre la economía, el turismo, la infraestructura y, naturalmente, sobre las vida humana, con casi 100 víctimas a la fecha. Un claro ejemplo del poder de fuego de Hezbolá fue la andanada de cohetes que dejó un saldo de 15 muertos en Haifa y en el kibutz Kfar Guiladi, el domingo recién pasado (6 de agosto).
Se nos ha dicho que la reacción israelí parece desproporcionada, pero me pregunto ¿cómo puede reaccionar un país democrático, con un ejército regular, frente a una guerrilla que se esconde dentro de la población civil para lanzar sus misiles contra Israel? Y lo peor es que no hay nadie en el Líbano capaz de ejercer presión en contra de Hezbolá para que sus ataques terminen, a pesar de que estas agresiones han desencadenado una catástrofe para el propio pueblo libanés.
No hay que olvidar que la ideología de Hezbolá está principalmente sustentada en el odio religioso y al igual que sus aliados, Irán y Hamás, esta organización no reconoce a Israel y pretende borrarlo del mapa, echando a sus ciudadanos al mar.Israel, por su parte, no buscó este conflicto y su único objetivo es el desarme de Hezbolá para dar tranquilidad a la población israelí y tener una frontera segura, sin emboscadas ni secuestros. Aparentemente, por la determinación mostrada por Hezbolá, ni el gobierno libanés ni cualquier otra fuerza estarían dispuestos a sacrificar a sus jóvenes en pos de este objetivo, y solamente los israelíes que están sufriendo los costos de los bombardeos pueden asumir la riesgosa misión de desarmar a Hezbolá.
Desde el punto de vista israelí, la comunidad internacional debería darnos el tiempo necesario para cumplir este objetivo, porque la guerra contra una guerrilla no es fácil.
Al mismo tiempo, Israel, como pueblo que ha sufrido mucho durante su historia, entiende las consecuencias humanitarias que se crean en este conflicto y está dispuesto a una solución política y diplomática, siempre y cuando se asegure el desarme de Hezbolá.
Respecto al incidente en Kfar Kanna, Israel manifestó de inmediato su pesar y explicó que si hubiera sabido que en el edificio había civiles no habría realizado el ataque. En todo caso, ya se reveló que el número de víctimas presentado al principio fue muy exagerado, llegándose finalmente a la cifra de 28 muertos, contra los 56 informados originalmente, lo que demuestra los esfuerzos propagandísticos de Hezbollá.
Así, el sueño de los años ’50 y ’60, que el Líbano sería el segundo país en firmar la paz con Israel, sigue siendo un desafío que tras los últimos hechos será más difícil de abordar, aunque los tratados de Israel con Egipto y Jordania demuestran que la paz es posible.
Ojalá que en los próximos días se encuentre una solución que permita poner fin a la guerra y traer paz a los pueblos de Israel y el Líbano.
(Newsletter Shalom.cl)
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El autor es el embajador de Israel en Chile.

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