LA RECONSTRUCCIÓN DE LAS COMUNIDADES JUDÍAS EN ALEMANIA DESPUÉS DE LA SHOÁ Y EL COMUNISMO
Por Thomas Reich
I. Historia de los judíos en Alemania. Breve resumen.
Con la excepción de Italia, los judíos han vivido en territorios de habla alemana mucho mayor tiempo que en ninguna otra área de Europa. En Alemania, como ocurre en España, existen informes acerca de asentamientos judíos antiquísimos. Cuándo Tito destruyó el templo en el 70 y después de la revolución de Bar Kojba 60 años más tarde, medio millón de judíos fueron llevados a Roma como esclavos.
Los procuradores romanos enviados a gobernar Palestina impusieron impuestos fortísimos que arruinaron a la gente y que lograron expulsar a muchos judíos, que se dirigieron voluntariamente a Roma y otras partes del Imperio.
Se sabe que mucho antes de Cristo existían comunidades judías en todo el Medio Oriente y en las principales ciudades del Mediterráneo: en Babilonia, Mesopotamia, Fenicia, Imperio Persa, Egipto, en Grecia, la propia Roma y a lo largo del resto de Italia.
Cuándo llegaron a Alemania nadie lo sabe con certeza. Algunos historiadores citan documentos de presencia judía en ciudades romanas como Colonia y Trier, cerca de los ríos Rhin y Danubio en los años 300 a.C.
La hipótesis de una presencia temprana de judíos en Alemania no es descabellada. Los romanos fueron la primera civilización avanzada en llegar allí, años antes de Cristo, en tiempos en que las tribus indígenas andaban vestidas con pieles. Cruzaron los Alpes o viajaron al norte via el Mediterráneo a través de Francia siguiendo el curso del Rohna, el Loire y se establecen en campamentos que constituyen ciudades a lo largo de los grandes ríos Rhin, Meno, Mosela y Danubio. Después de los legionarios llegan todos los demás: las esposas e hijos, las prostitutas, los mendigos, los gitanos y por supuesto los comerciantes. Dada la presencia de judíos en Roma y la prevalencia de comerciantes entre ellos, el supuesto de que judíos estuvieron entre los primeros llegados es totalmente plausible.
En el año 321 debe haber existido una floreciente comunidad judía en Colonia. El emperador romano Constantino envió decretos a los administradores de la ciudad que se referían a los judíos decuriones, los que participaban en el Concejo o Curia.
La conversión de Constantino al catolicismo, primer Emperador cristiano de Roma, trajo consecuencias desgraciadas para los judíos. Bajo los Emperadores paganos ellos gozaron de una amplia tolerancia religiosa pero con el cristianismo como religión oficial del imperio romano, los judíos se resistieron a los intentos de convertirlos y fueron mirados como una casta aparte, vilipendiada y perseguida.
No existen documentos que revelen la vida judía en tiempos anteriores a siglo VIII. Con Carlomagno, bajo cuyo reinado gozaron de mejoras en su situación (768 – 814) ya que obtuvieron derechos iguales como ciudadanos, permitiéndoseles realizar su vida religiosa, cultural y económica. Se fundaron numerosas comunidades que gozaron de libertad.
Entre el siglo X y el XIII hubo cientos de comunidades judías en pequeñas aldeas y ciudades: Bamberg, Erfurt, Regensburg, Viena, Praga y Colonia. Las municipalidades de Speyer, Works, Mainz se conocieron por las iniciales de sus letras hebreas como SHUM. El centro de la vida cultural judía eran las comunidades de España, Francia y Alemania (como Troyes y las SHUM); el Rashi estudió en Worms y fundó más tarde su escuela talmúdica en Troyes, Francia.
De esta época data el término Ashkenaz para denominar a comunidades judías localizadas específicamente en el nordeste y centro de Europa. Más tardíamente y como resultado de las expulsiones de judíos de territorios alemanes, el término fue extendido para comprender asentamientos del norte de Italia y todas las comunidades de Europa Oriental.
Las comunidades ashkenazies desarrollaron un estilo de organización llamado kehilá: una institución de auto-administración que fue reconocida por las autoridades cristianas y que cobraba impuestos y se ocupaba de asuntos educacionales, culturales, asistencia social y de justicia. Era responsable de mantener sinagogas, el cementerio, la mikveh, la taberna, las acomodaciones y cuidados para los enfermos y de la casa donde se celebraban casamientos y otras ceremonias. Tenían reglas muy estrictas respecto de quiénes eran sus directores, los títulos que se concedían, de cómo se escogía al rabino y se lo financiaba, cómo eran conducidas las ceremonias y el culto, etc.
Los ejecutivos de la kehilá (parnassim y jajamim) elaboraban los reglamentos o takanot. Rabi Gershom ben Judá de Mainz (965 – 1040) llamado “Luz de las naciones” elaboró reglas muy precisas sobre divorcio, prohibición de la poligamia, la privacidad de la correspondencia, que la carga tributaria fuese distribuida adecuadamente entre ricos y pobres; se prohibió el engaño comercial hacia los cristianos y la entrega de un judío a autoridades gentiles excepto en casos probados de crimen. Estas reglas fueron codificadas por Asher ben Yehiel y constituyen el compendio denominado la Halajá (modo de vida) que es la ley religiosa adaptada a la vida cotidiana y que rige hasta hoy.
Los sucesores carolíngeos continuaron la tarea de Carlomagno que extendió su imperio hasta Polonia, llegó con sus ejércitos al norte de España y comerció con el mundo conocido.
Los judíos se transformaron en verdaderos europeos en una evolución desde sus orígenes orientales de donde llegaron siglos antes sus ancestros. Estos judíos ashkenazim son los que tendrán un rol dominante en el judaísmo mundial, diferente al que prevaleció en la tierra madre y serán los creadores de un tipo de cultura judeo-europea desarrollado en la diáspora.
Una fuerza disociativa la constituye la Iglesia Católica que emerge como una fuerza política, militar y doctrinaria. Predica que los judíos deben ser rechazados y separados decisivamente de los cristianos. En el territorio germano los judíos eran campesinos, artesanos y habían adquirido buena reputación como comerciantes internacionales lo que constituía un gran activo para la sociedad, que no estuvo dispuesta a renunciar a sus talentos; las conexiones que establecieron los judíos a través del mundo los hacían muy importantes para la economía de la época.
Este panorama se oscureció el 26 de noviembre de 1095. En Clermont el papa Urbano II hizo un llamado a los cristianos de Europa para liberar con una cruzada a Jerusalem de los turcos musulmanes que la habían cerrado. La cooperación entre judíos y cristianos cesó. Los cruzados masacraron a comunidades judías completas en su camino a Tierra Santa. Worms, Colonia, Mainz fueron devastadas. Todas esas masacres continuaron hasta el siglo XIII.
Los judíos perdieron la exclusividad del comercio internacional ahora que los cruzados atravesaban toda Europa y fueron restringidos al préstamo de dinero –actividad prohibida a los cristianos- lo que tampoco era un buen oficio ya que muchos deudores escogían matar al prestamista antes de devolverle el dinero.
Los judíos comenzaron a vivir en guetos como medida de protección y poco intercambiaban con el exterior; las persecuciones llevaron a un número de judíos a emigrar generalmente hacia el oeste y así a fines del siglo XV el centro del judaísmo mundial se trasladó de Europa occidental a la Europa oriental, concentrado en Polonia.
Claramente desde el siglo XVII y debido a su posición como prestamistas, los señores feudales de Alemania y otros lugares de Europa, resultaron dependientes de los judíos para conseguir financiamiento para las guerras, sus lujos y sus placeres (recordemos a Schakespeare con su “Mercader de Venecia”). Los más influyentes judíos usaron su poder para lograr que las restricciones que pesaban sobre la comunidad fuesen aliviadas.
Los judíos más ricos eran los judíos favoritos del gobernante: Hofjude el judío de la corte. Nombres ilustres son Oppenheimer, Rothschild, Liebman, Itzigs. El judío Josef Süs Oppenheimer modernizó el sistema financiero de Wurttenberg. Obviamente estos grandes financistas generaban su fortuna en el comercio de armas, banca, o eran agentes comerciales.
No se piense que los judíos eran todos ricos. Por el contrario: existieron los mendigos que se unían a bandas de asaltantes y ladrones que se esparcieron por Europa después de la Guerra de los 30 Años; entre esas bandas judías el asesinato era tabú. Las comunidades judías daban techo, alimento y asistencia médica a estos vagabundos que curiosamente llegaban a tener respetabilidad cuando, habiendo robado lo suficiente, podían adquirir el permiso de residencia y la carta de protección de algún conde o duque empobrecido o coimeando a la autoridad administrativa; incluso podía costear el permiso de residencia para más de un hijo si continuaba secretamente sus vínculos con las acciones delictivas.
Por ningún motivo olvidemos a Martín Lutero (1483 – 1546) que escribió y predicó reiteradamente contra el pueblo judío y tituló a uno de sus libros más importantes “Acerca de los judíos y sus mentiras” y a quien podemos tildar como el antecedente más directo para las acciones propagandísticas y persecutorias ejecutadas, cuatro siglos más tarde, por los nazis.
¿Qué decía Lutero, por ejemplo, sobre los judíos? Primero, ellos quieren gobernar el mundo; segundo, ellos son archicriminales, asesinos de cristo y de toda la cristiandad; tercero, él se refiere a ellos como “plaga, pestilencia y pura desgracia”. Aunque esta descripción de los judíos fue repudiada más tarde, muchas de estas afirmaciones sobrevivieron y dan origen al antisemitismo moderno.
Las ideas del Iluminismo, las revoluciones en Francia y EE. UU. y la era Napoleónica, implicaron para los judíos de Europa central y occidental una liberación de sus ghetos físicos y espirituales. Con el edicto de Federico Guillermo de marzo de 1812 el estado prusiano declaró que los judíos son sus ciudadanos (un derecho que Francia les concedió 20 años antes) con dos excepciones: cargos públicos y los nuevos territorios no estarían disponibles para ellos.
Varios estados de la Federación Germana no siguieron estos precedentes. La católica Bavaria introdujo nuevas restricciones en 1814-15. Un “enrolamiento obligatorio” fue visto como particularmente oprobioso y discriminatorio. Por ej.: la autorización para establecerse sólo regía para el hijo mayor y su familia, los restantes hijos debían esperar una vacante: lo que ocurría por muerte o emigración de alguno otro. En el fondo esto era una traba a la procreación.
También es necesario mencionar que, al contrario de lo que ocurría en Europa Oriental, en Alemania las poblaciones de judíos no presentaban grandes concentraciones, eran bastante pequeñas y esparcidas en casi todas las ciudades. En las zonas rurales a veces no se alcanzaba a tener un minyán. En ese sentido vivir en una judería o gheto era en varios casos una decisión absolutamente preferida y cómoda ya que permitió concentrar en un espacio determinado todos los servicios necesarios para la mantención de una vida judía plena. Obviamente con el transcurso del tiempo trajo como consecuencia un hacinamiento muy inadecuado.
Una ola de publicaciones antisemitas pavimentó el camino para aumentar la opresión hacia los judíos, aun en Prusia. Con los reyes Federico Guillermo III y IV no hubo completa igualdad ante la ley a menos que se bauticen. Varios accedieron a esta conversión oportunista, como el jurista Eduard Gans, el abogado Heinrich Marx (el padre de Carlos Marx), los poetas Börne y Heine y el pintor Bendemann. Casi sin excepción estos bautizos se hacían entre personas de las clases más acomodadas y normalmente escogían la religión protestante.
Muchos decidieron emigrar hacia EE.UU. donde podían vivir como judíos libres y ciudadanos de 1ª clase, con igualdad de derechos.
La intelectualidad
Es necesario mencionar a Moisés Mendelssohn de Berlín (1729-1786) como prototipo de líder judío en la era del Iluminismo. Un hombre que conjuga conocimientos de comercio y estudios de contabilidad con rasgos filosóficos y enorme erudición en las fuentes del judaísmo; este personaje creyó que había que ser judío en la casa y gentil en la calle: predicó un judaísmo que puede vivir en dos mundos.
Otro famoso es Moses Hess, originalmente Moritz Hess, nacido en Bonn, (21 de junio de 1812 - París, 6 de abril de 1875) fue un precursor de lo que después se conocería como sionismo y sionismo socialista. Hess recibió una educación religiosa tradicional, más tarde estudió filosofía en la Universidad de Bonn y vivió en París como corresponsal de un periódico socialista, viviendo los acontecimientos de la comuna de París de 1848. Amigo y colaborador de Karl Marx y Friedrich Engels, en esa época era partidario de la asimilación de los judíos. Pero tras una estancia en Alemania entre 1861 y 1863 cambia su pensamiento y hace una llamada a un resurgir nacional judío en Jerusalén.
A mediados del siglo XIX aparecieron dos pensadores que lucharon por la igualdad de los derechos de los judíos: Abraham Geiger y Leopold Zunz. Junto a Ludwig Philippson, Geiger puso las bases para fundar un instituto de estudios judaicos que más tarde fue universidad, cuyo logro más importante fue la publicación de los 11 volúmenes de la Historia de los Judíos de Heinrich Graetz de Breslau.
Geiger fue el pionero del Judaísmo Reformista, adoptando un servicio más cercano al modelo alemán protestante, con sermón en alemán, libro de oraciones bilingüe, uso de órgano y coro, utilización de una nueva vestimenta rabínica. El éxito del movimiento reformista le dio impulso a la ortodoxia moderna, representada por los rabinos Samson Raphael Hirsch en Frankfurt a. M. y Esriel Hildesheimer en Berlín. Ellos querían preservar el judaísmo ajustado a las leyes pero apoyaban el uso del idioma vernáculo en el estudio así como educación secular y vestimenta moderna. Ambos movimientos se extendieron a Inglaterra y los EE.UU. y dieron origen a dos vías dominantes dentro del judaísmo. Tal como fue en Alemania, el movimiento reformista tomó predominantemente la forma liberal moderada.
Alrededor de 1848 aparecieron una serie de periódicos que con gran valentía abogaban por los derechos y la igualdad de los judíos. Gabriel Riessner que fue electo a la Asamblea Nacional (siendo vicepresidente) participó en la delegación que le ofreció la corona imperial al rey Federico Guillermo IV. Ferdinand Lasalle fue presidente fundador de la Unión General de Trabajadores Alemanes, base para la Social-democracia. Otros son Eduard Lasker uno de los líderes del liberalismo alemán y Ludwig Bamberger un liberal oponente a las leyes protectoras de Bismark.
Recordemos que más tarde, después de la revolución de 1918 un número relativamente grande de judíos estuvo vinculado a partidos de izquierda especialmente en Berlín y Munich. El premier bávaro Kurt Eisner, los socialistas Rosa Luxemburg y Gustav Landauer fueron asesinados y el presidente de una república soviética de Munich Eugen Levine fue juzgado por una corte marcial y fusilado.
Durante la República de Weimar los judíos disfrutaron una completa igualdad ante la ley por primera vez. Walter Rathenau fue ministro de RR.EE. pero como abogó por el cumplimiento de las obligaciones contraídas en el Tratado de Versalles mediante el cual se dio término a la I Guerra (compensaciones económicas) fue asesinado por miembros de una organización nacionalista llamada “Cónsul”.
No tengo tiempo para reseñar vida y obras de intelectuales y científicos muy conocidos que tuvieron influencia significativa sobre el pensamiento judío y/o sobre la sociedad alemana y mundial, sólo recordemos a: Martín Buber, Gershon Scholem, Sigmund Freud, Víctor Frankl, Hanna Arendt, Regina Jonas (la primera rabina), Leo Baeck, Franz Rosezweig, Ludwig Wittgenstein, Hermann Cohen, Edmund Husserl, Herbert Marcusse, Franz Kafka, Erich Fromm, Albert Einstein, Gustav Mahler, Kurt Weil, Arnold Schömberg, Alban Berg, los Rothschild y tantos otros.
Siglos XIX y XX
La libertad de comercio y de profesión desde 1848 dio a los judíos la oportunidad de desarrollarse en casi todas las áreas excepto el ejército y el servicio público. Rápidamente los judíos accedieron a posiciones destacadas en la banca, transporte, prensa, industria. Desarrollaron las tiendas por departamentos, de ropa en serie e industrias de cuero y piel, y destacaron en el cine.
Después que muchos judíos se asimilaran –y lo hicieron deliberadamente para ser considerados como patriotas alemanes- una nueva ola de odio hacia los judíos emergió a lo largo del país. El antisemitismo tradicional fue combinado ahora con una teoría racial seudo-científica que postulaba la superioridad de la sangre alemana: no fue asunto de preocupación para estos propagandistas del mito racista que –desde los tiempos de los romanos- la sangre de los pueblos germanos se hubiese mezclado repetidamente con la sangre de italianos, franceses, españoles, checos, húngaros, polacos e incluso judíos.
La animosidad antijudía no fue tomada en serio por la mayoría de los judíos. El nuevo antisemitismo se enraizó en las capas más altas de la sociedad y dentro de la burguesía. El historiador Heinrich von Treitschke con su slogan: “Die Juden sind unser Unglück” (los judíos son nuestra desgracia) hizo que el antisemitismo se volviese respetable en círculos académicos y oficiales.
Escritos antisemitas y seudocientíficos de Paul Lagarde, Houston Steward Chamberlain, Richard Wagner y otros, tuvieron mucho efecto. Pero hubo defensores como el célebre historiador Theodor Mommsen quien se opuso a von Treitschke, pero su solución fue aconsejar a los judíos que se asimilen rápido y abandonen su fe. Nietzsche también hizo una defensa de la contribución judía a la grandeza de la nación.
Durante la I Guerra Mundial más de 12.000 judíos dieron su vida por la patria alemana, pero esta prueba de patriotismo no fue reconocida especialmente.
Los judíos alemanes creyeron que sus logros eran una contribución definitiva a una sociedad libre. Pero en Alemania despertaron odio y aversión. Muchos judíos alemanes tuvieron ese conflicto interno y sufrían por ello. Lamentablemente muchos judíos no tomaban en serio el antisemitismo; a pesar del desempleo y la pobreza los judíos alemanes miraban la República de Weimar como un punto alto en la historia del pueblo judío.
Antes y después de la I Guerra Mundial llegó a Alemania una ola de judíos de Europa Oriental. 70.000 trabajaban en la industria bélica y unos 30.000 no encontraron trabajo y emigraron a terceros países.
Después de 1918 cerca del 20% de los judíos en Alemania eran inmigrantes de 1ª, 2ª o 3ª generación de Europa Oriental. Esta ola inmigratoria aumentó los temores y la aversión no sólo entre la derecha no judía sino también dentro de la comunidad judía.
El sionismo creció también en Alemania. Sociedades y fraternidades estudiantiles, grupos juveniles y deportivos se fundaron en muchas comunidades. Voces como la de Martín Buber se levantaron para advertir sobre la asimilación y el abandono de los valores judaicos en vez de cultivarlos concientemente como una contribución a la sociedad germana.
Buber junto a Franz Rosenzweig acometieron la enorme tarea de traducir al alemán desde el hebreo, por vez primera, la Biblia. Cuando este monumental trabajo de 30 + años se terminó en 1961, el célebre Gershon Scholem discurseando ante la concurrencia reunida en la casa de Buber expresó que analizando el hecho históricamente “no se podía considerar esta traducción como un regalo de los judíos por la hospitalidad al pueblo alemán sino, y que difícil es decirlo, como la lápida de una indeciblemente pavorosa relación extinguida”.
El 8 y 9 de noviembre de 1923 un anónimo personaje llamado Adolf Hitler y sus escasos seguidores intentaron un putsch en una cervecería de Munich para llegar al poder. Los años de crisis económica les ayudaron a los nacionalsocialistas a crecer a una tasa impresionante, lo que culmina el 30 de enero de 1933 cuando Hitler llega al gobierno al ser nombrado canciller.
Desde allí para adelante los judíos fueron privados de todos sus derechos, expulsados, transportados a campos de concentración y asesinados, con la aprobación de la mayoría del pueblo alemán.
El resto es historia conocida.
Les quiero leer un extracto del testamento político de Hitler, dictado en su bunker de Berlín durante la mañana del 29 de abril de 1945: “No es cierto que yo u otro en Alemania quiso la guerra en 1939. Esta fue deseada e instigada exclusivamente por aquellos jefes de estado internacionales que eran judíos, o descendientes de judíos, o por aquellos que trabajaban por los intereses judíos…. Pasarán los siglos pero de las ruinas de nuestras ciudades y monumentos crecerá el odio hacia los que finalmente son responsables, a quienes debemos agradecer por todo, el judaísmo internacional y sus ayudantes. El judaísmo es el verdadero criminal de esta lucha asesina.”
Vean la similitud con los escritos de 400 años antes y siguientes.
Y un extracto del diario De Ana Frank: 20/Junio/1942
«Nuestras vidas transcurrían con cierta agitación, ya que el resto
de la familia que se había quedado en Alemania seguía siendo víctima
de las medidas antijudías decretadas por Hitler. Tras los pogromos de
1938,
mis dos tíos maternos huyeron y llegaron sanos y
salvos a Norteamérica (...). Después de mayo de 1940, los buenos
tiempos quedaron definitivamente atrás: primero la guerra,
luego la capitulación, la invasión alemana, y así comenzaron las
desgracias para nosotros los judíos. Las medidas antijudías se sucedieron
rápidamente y se nos privó de muchas
libertades.
»Los judíos deben llevar una estrella de David; deben entregar sus
bicicletas; no les está permitido viajar en tranvía; no les está permitido
viajar en coche (...); los judíos sólo pueden hacer la compra desde
las tres hasta las cinco de la tarde; sólo pueden ir a una peluquería judía; no pueden salir a la calle desde las ocho de la noche hasta las seis
de la madrugada; no les está permitida la entrada en los teatros,
cines y otros lugares de esparcimiento público; (...) no les está
permitido estar sentados en sus jardines después de las ocho de la noche,
tampoco en los jardines de sus amigos; los judíos no pueden entrar en
casa de cristianos; tienen que ir a colegios judíos, y otras cosas por el
estilo. Así transcurrían nuestros días: que si esto no lo podíamos hacer,
que si lo otro tampoco. Jacques siempre me dice: "Ya no me atrevo a
hacer nada, porque tengo miedo de que esté prohibido."»
II. La Reconstrucción de la vida judía en Alemania.
Algunas cifras para entender el contexto:
El 16-06-1933 se realizó un Censo que clasificó como judíos a 502.799 personas. En 1928 la B´nai B´rith tenía 100 logias con 15.000 miembros. Existían 23 colegios judíos, hoy 3.
Hacia el fin de la II Guerra Mundial se encontraron unos 15.000 judíos que sobrevivieron.
Inmediatamente después de la Guerra muchos regresaron a buscar a sus familiares (¿200.000?), algunos para retomar sus profesiones y otros para realizar su sueño de construir una sociedad socialista en suelo alemán; ninguno fue capaz de regresar a sus países de origen en Europa Oriental por efecto de la llegada del comunismo y la Guerra Fría; los que pudieron, muchos, emigraron a Israel y los EE.UU. con apoyo de organizaciones internacionales judías.
Hacia fines de 1946 ya existían 67 comunidades en Alemania.
Debemos recordar que en 1949 el territorio alemán de ocupación soviética se convirtió en la RDA, donde la situación para los judíos se deterioró debido a las purgas antisemitas en la URSS, en Hungría y en Checoslovaquia. En todos los países del Pacto de Varsovia los judíos fueron considerados “contrarrevolucionarios, “agentes sionistas” y muchos “lacayos judíos” como los tildaba la prensa stalinista, fueron ejecutados después de juicios de opereta, o asesinados secretamente. Al morir Stalin (5-3-1953) la discriminación disminuyó y los judíos de la RDA pudieron abrir sinagogas, tener una carnicería kosher y mantener un cementerio en Berlín Weissensee. Se estima en 400 el número de judíos que vivían allí en 1989 a la caída del Muro. En 1990, el nuevo gobierno de De Maiziere reconoció su co-responsabilidad por la humillación, deportación y asesinato de judíos; el nuevo parlamento adoptó una disculpa por la política oficial de la RDA hacia Israel y perdón por la discriminación sufrida en la RDA.
En 1951 la cifra oficial de judíos en la República Federal de Alemania (Alemania Occidental) era de 21.000 personas. Solamente cuando colapsó el bloque soviético y se abrieron las fronteras con la RDA estos números empezaron a crecer.
JUDIOS EN ALEMANIA
Personas Fecha Observaciones
502.799 16-06-1933 Censo oficial
330.892 17-05-1939 Censo (50% en Viena, Berlín)
31.897 01-04-1943 encuesta
15.000 1945 sobrevivientes Shoá
200.000 est. 1945 DP: no regresaron país de origen
21.500 1951 afiliados a Comunidad Judía
26.000 1989 afiliados a Comunidad Judía
400 1989 en la RDA
105.000 Actual ¿200.000? y 102 comunidades
Antes de 1933 no existía una sola organización que represtaba a todos los judíos alemanes. El famoso Rabino Leo Baeck fue el primer presidente del “Zentralausschuss”. La organización techo se refundó el 19 de julio de 1950 y tuvo su sede en Frankfurt; y desde 1999 funciona en la capital Berlín.
Del millón de judíos que dejaron la URSS unos 170.000 llegaron a la República Federal de Alemania desde 1990 como consecuencia de facilidades otorgadas por la “Ley de refugiados en grupos”. Ellos se establecen separados y forman una “colonia”. Su adaptación a la sociedad libre no es fácil, su conocimiento de la realidad de Occidente es bajo, puesto que su acceso a la prensa era reducido y –lo más importante para este análisis- su nivel de judaísmo es pobrísimo; algunos pueden entender yidish (pero no leerlo ni escribirlo) y el conocimiento cultural y religioso de judaísmo es mínimo; muchos son matrimonios mixtos.
Dado que EE.UU. –el país soñado para los judíos rusos- ha restringido fuertemente la inmigración e Israel es percibido y temido por ellos como inseguro económica y políticamente, o como muy desconocido/alejado/oriental, desplazándose de una situación insegura a la otra, es Alemania el lugar percibido como la alternativa más favorable: el país de los “poetas y pensadores”, rico y abierto al mundo, cercano/similar/europeo.
En 2005, más inmigrantes judíos entraron en Alemania que en Israel. Sin la inmigración, muchas de las comunidades habrían desaparecido", afirmó el secretario general del Consejo Central de Judíos de Alemania, Stephan Kramer. Unos 200.000 judíos de la Unión Soviética han emigrado a Alemania desde la caída del Telón de Acero.
Berlín, hogar de judíos famosos como Albert Einstein o Max Liebermann, se ha convertido en el destino de muchos de estos inmigrantes israelíes o americanos debido a su cosmopolitismo en lo que ya se denomina el 'Renacimiento judío'. Hay un total de 12.000 miembros registrados en las comunidades y un total de ocho sinagogas en Berlín. Le sigue de cerca Múnich, con 9.200 miembros y un Museo Judío que se ha convertido en el centro neurálgico de la comunidad. Hay al menos 2.500 israelíes en Berlín, según los datos de la Oficina de Estadística del Berlín-Brandemburgo, y muchos de ellos son jóvenes artistas y músicos. El número real de israelíes que viven en Berlín se desconoce, pero es posiblemente muy superior a esta cifra porque muchos de ellos tienen nacionalidad alemana debido al origen de sus abuelos, huidos de la Alemania nazi.
En Dresden, en septiembre de 2006 fueron ordenados los primeros rabinos desde la II Guerra Mundial y se celebró la ceremonia como un hito que apuntaba al renacimiento de la vida judía en Alemania, justo 62 años después del fin del genocidio nazi. De los seis millones de judíos muertos, unos 200.000 eran alemanes.
Sin embargo, este crecimiento aún no permite aspirar a reconstruir la floreciente comunidad judía anterior al Tercer Reich que sumaba 560.000 miembros y destacaba por su intensa actividad cultural e intelectual.
Berlín tenía 120.000 judíos en 1933, un número diez veces mayor que el actual. A pesar de estas cifras el rabino Chaim Rozwaski cree que "es un milagro que los judíos estén regresando para establecerse de nuevo en Alemania". Este rabino ortodoxo originario de Nueva York llegó a Alemania hace nueve años gracias a la Fundación Americana Ronald Lauder, que busca la promoción y reconstrucción de las instituciones judías en Alemania y en Europa central y oriental.
Rozwaski, rabino de la sinagoga de la calle Pestalozzi, tiene que lidiar con los problemas cotidianos de judíos supervivientes del Holocausto o con las dudas identitarias de niños como Alexander Beelitz-Geiman, un adolescente de 16 de padre ucraniano y madre rusa que llegó a Alemania con sólo un año, pero que no se siente identificado con el país. "No me siento en absoluto alemán. Todos mis amigos son judíos", afirma.
Alexander también habla del antisemitismo y de las confrontaciones con inmigrantes musulmanes provocadas por el conflicto árabe-israelí. "Muchos judíos temen decir que lo son porque tienen miedo de que les cause problemas", explica. De hecho, todas las instituciones y comercios judíos, incluso las librerías o supermercados, están vigilados constantemente por la Policía y disponen de protecciones de cemento.
Algunos, como Kramer, dicen que "el antisemitismo en Alemania no es mejor ni peor que el que hay en otros países europeos", pero apunta a que Alemania tiene una responsabilidad especial porque "fue en territorio alemán donde comenzó el Holocausto".
Existe un estudio sociológico reciente muy completo e interesante, hecho por Judith Kessler, una investigadora de la Comunidad Judía de Berlín, donde se puede leer que la estructura etárea de los inmigrantes rusos está más bien cargada hacia la 3ª Edad. Casi la mayoría posee grados universitarios: 68% (20% de los cuales son ingenieros) y la educación es pareja entre hombres y mujeres, aunque sus títulos no siempre sean reconocidos, sean de calificaciones menores o requieran de validación en Alemania. Según la investigación, obviamente el nivel de aspiraciones es completamente irrealista en relación con su profesión y los inmigrantes que no encuentran empleos adecuados en el mercado del trabajo alemán efectúan trabajos informales, con largas jornadas y poca seguridad social; algunos realizan trabajos independientes orientados especialmente para la colonia rusa. Muchos desarrollan trabajos ilícitos.
La ayuda que reciben de la Comunidad Judía es insuficiente y estos inmigrantes, generalmente no están representados en los directorios de las instituciones; existe entre ellos una sensación de rechazo que probablemente sea acertada; no debemos olvidar que halájicamente muchos entre ellos no son judíos y eso dificulta su incorporación plena a estructuras formales de la Comunidad (un tercio de los nuevos miembros de la comunidad de Berlín tiene un cónyuge no judío). Las materias financieras son mucho más importantes para estos nuevos inmigrantes que acercarse al judaísmo, lo cual tendrá que ocurrir sólo en un proceso gradual. Ellos requieren de asistencia social, ayuda financiera, solución de conflictos con la administración pública, vacantes para los colegios, en asilos de ancianos y al mismo tiempo las ofertas educacionales, los trabajos y la vivienda son rechazados por no considerarlas “suficientemente buenas”.
Actualmente hay 102 comunidades en Alemania.
El antisemitismo en Alemania ha tenido algunos repuntes debido principalmente por: 1) el apoyo indiscutido que todos sus gobiernos han otorgado al Estado de Israel, 2) por la existencia de partidos de ultra derecha nacionalistas, 3) de grupos neo-nazis formados en gran número por jóvenes provenientes de la ex RDA que tampoco han podido adaptarse a las exigencias de una sociedad alemana democrática y libre, 4) por la presencia de inmigrantes musulmanes especialmente turcos y 5) por la existencia de un antisemitismo atávico y larvado.
Un estudio realizado por la Anti-Defamation League en Francia, España, Alemania, Polonia e Italia en marzo y abril de 2007 mostró que los estereotipos negativos que tiene la población encuestada acerca de los judíos aumentaron en todos esos países; Alemania mostró el segundo más alto porcentaje.
Recientemente, este año 2007 se ha introducido un factor de tensión que es muy importante conocer. El gobierno de Israel por influencia del ministro de asuntos estratégicos, Avigdor Lieberman, autorizó a una agencia semi-secreta fundada en los ´50, denominada “Nativ” y cuyo objetivo era sacar a judíos de la URSS, para operar en otros lugares y se espera el envío de dos delegados para lograr que parte de los 120.000 judíos rusos (número estimado) de Alemania hagan aliyá. Este es un proyecto muy controvertido ya que cuenta con la oposición de la Agencia Judía, la Sojnut, y también del Ministerio de RR. EE. israelí. Las autoridades de la organización techo alemana, Zentralrat der Juden in Deutschland, se han opuesto vehementemente a la medida y no se sabe el resultado final que tendrá. Obviamente el gobierno alemán, hasta ahora, ha permanecido muy pasivo ya que sería muy impropio que tomara partido por los judíos alemanes en contra del Estado de Israel.
Uds. saben posiblemente que el nuevo presidente del Congreso Judío Europeo es presidido por el multimillonario ruso Moshé Kantor y no sabemos tampoco cuál será la posición de esta influyente organización techo internacional en el conflicto entre Israel y la Comunidad Judía de Alemania.
III. Reflexiones Finales
Un historiador del judaísmo alemán, Ernst Ludwig Ehrlich, se pregunta en un ensayo reciente qué es lo que impulsó y distinguió en su esencia a estas personas y responde: pensamiento crítico y la voluntad colectiva por la justicia.
Posiblemente el pueblo alemán de hoy requiere de aquello que unió a los mejores entre quienes fueron asesinados o desplazados, la conciencia crítica y la voluntad por lo humanitario: ambos conceptos deberán ser acogidos por la Europa presente y futura y esa sería, entonces, una forma creativa de recuerdo por los desaparecidos.
Por esto es que mis conclusiones son ambivalentes. Por una parte, estoy convencido que un cierto estilo de judaísmo fue asesinado y no renacerá; hay una weltanschaung que se perdió. Por otra parte, el judaísmo que se está plasmando en Alemania y que, seguramente, perdurará cuantitativamente importante es un judaísmo construido sobre realidades totalmente diferentes, basado en un estilo y una cultura diferentes. No será el “judaismo de los yekes” nunca más.
Vemos cómo desde Alemania se han esparcido impulsos significativos sobre el resto del mundo. El conocimiento del judaísmo sería hoy impensable dados los desarrollos -por lo menos en los siglos XIX y XX- que se originaron allí. Desde Alemania han salido tales creaciones del espíritu judío que han tenido fuerte implementación también en otros países.
Si hoy en día nosotros hablamos mucho del recuerdo, entonces no pensamos sólo en los millones de seres humanos asesinados, sino también en el espíritu que fue asesinado junto a ellos. Un débil consuelo puede ser que el espíritu del judaísmo alemán (y centroeuropeo de antaño) actualmente, aunque en otra forma, tiene su continuidad en otros países.
Algunos de nosotros somos sus herederos.
