V E R D A D D I G I T A L: "Empieza donde Otros Terminan las Noticias"

Propendemos a proveer una mejor comprensión, balanceada, del conflicto árabe - israelí en el contexto de la globalización.

29 agosto 2006

¿Qué es "islamofascismo"?


Por
Stephen Schwartz


"Fascistas islámicos" -- utilizado por el Presidente George W. Bush para los conspiradores del complot de atentado aéreo trasatlántico en ciernes -- y referencias de otras destacadas figuras a "islamofacismo", se han topado con protestas por parte de musulmanes que afirman que el término es un insulto a su religión. El significado y el origen del concepto, así como la legitimidad de las quejas acerca de él, han pasado a ser relevantes -- quizá con urgencia.

Admito una falta de modestia o de neutralidad en este debate, puesto que yo fui, como explicaré, el primer occidental en utilizar el neologismo en este contexto.

En mi análisis, tal como salió publicado originalmente inmediatamente después del horror del 11 de septiembre del 2001, islamofascismo se refiere al uso de la fe del Islam como disfraz de una ideología totalitaria. Este fenómeno radical es representado entre los musulmanes sunníes hoy por fundamentalistas tales como los wahabíes de financiación saudí, los jihadistas paquistaníes conocidos como Jama'atíes, o la Hermandad Musulmana egipcia. En las filas de los musulmanes chi'íes queda ejemplificado por Hezbolá en el Líbano y el grupo de amigos exclusivos que rodean al Presidente Mahmoud Ahmadinejad en Irán.

Las tipologías políticas deberían hacer distinciones, en lugar de confundirlas, y el islamofascismo no es ni un concepto improvisado, ni un concepto cogido por los pelos. Debería emplearse con detalle y precisión. Los movimientos indicados deberían ser tratados como islamofascistas, en primer lugar a causa de su congruencia con los rasgos definitorios del fascismo clásico, especialmente en su forma más significativa históricamente -- el Nacional Socialismo alemán.

El fascismo se distingue de la categoría general de política de extrema derecha por su disponibilidad a desafiar el civismo público y violar abiertamente la ley. Como tal, representa una salida radical de la tradición del ultra-conservadurismo. El segundo pretende preservar las relaciones sociales establecidas a través de la implementación de la ley y el refuerzo de la autoridad. Pero las organizaciones fascistas de Mussolini o Hitler, en su conquista del poder, no mostraron escrúpulos al romper la paz y repudiar las instituciones parlamentarias y las demás; los fascistas empleaban el terror tanto contra la estructura política existente, como contra la sociedad en conjunto. Es un error de concepción común de las ciencias políticas creer, a modo de marxistas amateur, que los fascistas italianos y los Nazis buscaban mantener el orden, proteger a las clases en el poder. Tanto Mussolini como Hitler agitaban contra "el sistema" que gobernaba sus países. Su fruidición a recurrir a la violencia callejera, los asesinatos y los golpes de estado apartaron a los fascistas italianos y alemanes de los defensores ordinarios de la élite en el poder, a la que buscaban reemplazar. Esto es una idea importante que nunca debería olvidarse. El fascismo no es simplemente una dictadura difícil u opresión por privilegios.

De manera similar, el islamofascismo persigue sus objetivos a través de la alteración voluntaria, arbitraria y gratuita de la sociedad global, ya sea a través de conspiraciones terroristas o mediante la violación de la paz entre estados. Al-Qaida ha recurrido al primer arma; Hezbolá, al asaltar el norte de Israel, utilizó la segunda. No existen actos de protesta, sino estrategias calculadas para la ventaja política a través de violencia en estado puro. Hezbolá demostró métodos fascistas tanto en su secuestro de soldados israelíes como al iniciar esa acción sin ninguna consideración hacia el gobierno libanés del que forma parte. En la práctica, la democracia libanesa es un enemigo mayor para Hezbolá que Israel.

El fascismo descansaba, desde la perspectiva económica, en una clase media resentida y frustrada en sus aspiraciones, y nerviosa acerca de la pérdida de su posición. La clase media italiana se sentía insegura en su estatus social; la clase media alemana estaba completamente devastada por la derrota del país en la Primera Guerra Mundial. Ambas se enfurecieron de manera irracional por sus dificultades económicas; esta rabia apasionada y sin control fue explotada y canalizada por los acólitos de Mussolini y Hitler. Al-Qaida se apoya en franjas de las clases medias saudí, paquistaní y egipcia que están furiosas por los muchos obstáculos a sus ambiciones, en el estado y en la sociedad. El público de Hezbolá es similar: la creciente clase media libanesa chi'í, que cree ser víctima de discriminación.

El fascismo era imperialista; exigía la expansión de las esferas de influencia alemana e italiana. El islamofascismo tiene ambiciones similares; los wahabíes y sus homólogos paquistaníes y egipcios buscan controlar a todos los musulmanes sunníes del mundo, al tiempo que Hezbolá se proyecta como aliado de Siria y de Irán a la hora de establecer el dominio regional.

El fascismo era totalitario; es decir, fomentaba una visión del mundo totalitaria -- una realidad social distinta que separaba a sus seguidores de la sociedad normal. El islamofascismo se compara con el fascismo al imponer una división estricta entre musulmanes y presuntos infieles. Para los radicales sunníes, la práctica del takfir -- declarar fuera de la comunidad islámica global o ummah a todos los musulmanes que no suscriban las doctrinas de los wahabíes, los Jama'atíes paquistaníes o la Hermandad Musulmana -- es una expresión de islamofascismo. Para Hezbolá, la postura de rechazo tajante en la política libanesa -- oponiéndose a todos los políticos que pudieran estar a favor de negociación política alguna con Israel -- sirve al mismo propósito. El takfir o "excomunicación" de los musulmanes ordinarios, al igual que el radicalismo chi'í de Hezbolá, también son importantes como herramientas indispensables y unificadoras del refuerzo de tales movimientos.

El fascismo era paramilitar; en la práctica, las élites militares italiana y alemana eran reticentes a aceptar el monopolio ideológico de los partidos fascistas. Tanto Al-Qaida como Hezbolá son paramilitares.

No creo que estas características sean intrínsecas de algún elemento de la fe del Islam. El islamofascismo es una distorsión del Islam, exactamente igual que el fascismo alemán y el italiano representaron perversiones del respetable patriotismo en esos países. Nadie argumenta hoy que el Nazismo poseía legitimidad histórica como expresión del nacionalismo alemán; solamente Nazis harían tales afirmaciones, para defenderse. De igual manera, los wahabíes y sus aliados argumentan que sus doctrinas son "simplemente Islam". Pero la cultura alemana existía durante siglos, aún existe así, sin someterse a los valores Nazis; el Islam generó una civilización que se extendió por todo el mundo, sobreviviendo con buena salud en muchos países hoy sin wahabismo ni chi'ísmo políticos, ambos de los cuales tienen menos de 500 años.

¿Pero qué hay de esos musulmanes primitivos que afirman que "islamofascismo" es un insulto? El 14 de agosto, The Washington Post citaba a un orador de una concentración pro-Hezbolá en Washington, como sigue "Sr. Bush: deje de llamar 'fascismo islámico' al Islam", decía Esam Omesh, presidente de la Sociedad Musulmana Americana, provocando una masiva aclamación por parte de la multitud. Dijo que no existe tal cosa, "igual que no existen cosas como fascismo cristiano".

Estos curiosos comentarios se pueden interpretar de diversas formas. Desde que el Presidente Bush utilizase el término "fascistas islámicos" para referirse a una conspiración terrorista, ¿tiene intención Omesh (cuya Sociedad Musulmana Americana es controlada por la Hermandad Musulmana egipcia) de aceptar la equiparación del Islam con dicho terrorismo, rechazando solamente la terminología que no le gusta? Probablemente no. Pero la afirmación de Omesh de que "no existen cosas tales como fascismo cristiano" es prueba de una profunda ignorancia histórica. Analistas importantes del fascismo vieron sus formas italiana y alemana reflejadas en el Ku Klux Klan en Estados Unidos y el movimiento contrarrevolucionario ruso de masas conocido como los 100 Oscuros. Ambos movimientos se basaban en el extremismo cristiano, simbolizado mediante la quema de cruces en América y los pogromos contra los judíos bajo los zares.

La Guardia de Acero fascista de Rumania durante el período entre guerras y en la Segunda Guerra Mundial era explícitamente cristiana -- su título oficial era "la Legión del Arcángel Miguel"; el fascismo cristiano también existe en forma de terrorismo Protestante en el Ulster, y fue visible en el movimiento de los Camisas Azules (católico) activo en el Estado Libre Irlandés durante los años 20 y 30. Tanto la Guardia de Acero como los Camisas Azules atrajeron a intelectuales de renombre; el teórico cultural Mircea Eliade en el primer caso y el poeta W.B Yeats en el segundo. Podrían citarse muchos casos similares. Es también significativo que Omesh no negase [también] la existencia de "fascismo judío" -- sin duda porque entre su tribu, el término se dirige contra Israel comúnmente. Israel no es un estado fascista, aunque algunos grupos judíos marginales ultra-extremistas podrían describirse así.

Concluyo con un resumen de un debate más oscuro acerca del término, que es sintomático de muchas formas de confusión en la vida americana hoy. Observé al principio de este texto que ni soy modesto ni soy neutral en la materia. Yo desarrollé el concepto de islamofascismo tras recibir en junio del 2000 un correo electrónico procedente de un musulmán sufí de Bangladesh residente en América, titulado "Los wahabíes: fascismo en traje religioso". Después residí en Kosovo. El 22 de septiembre del 2001 utilicé el término en el The Spectator de Londres. Pronto recibí el crédito de ello por Andrew Sullivan en su Daily Dish, y después fue atribuido a Christopher Hitchens, reconociéndome el segundo como el que lo utilizó antes. Mientras trabajaba en Bosnia-Hercegovina más recientemente, participé en un debate público con el filósofo musulmán paquistaní Fazlur Rahmán (1919-88), que impartió clases durante años en la Universidad de Chicago (no confundir con el radical paquistaní Fazlur Rehman), y que fue citado hablando de "fascistas islámicos".

Si tales preocupaciones parecen absurdamente egocéntricas, es interesante comprobar cómo Wikipedia, la enciclopedia online, trató la formulación del islamofascismo como herramienta analítica. Tras un largo e insignificante coloquio entre un usuario de Wikipedia que comentaba negativamente un libro anterior mío al tiempo que admitía que nunca había visto un ejemplar suyo y yo, Wikipedia (aludiendo colectivamente, como prefieren sus miembros) decidía adjudicarlo a otro historiador del Islam, Malise Ruthven. Pero Ruthven, en 1990, lo utilizaba para referirse a todos los gobiernos autoritarios de países musulmanes, desde Marruecos a Pakistán.

Hoy en día no me importa nada Wikipedia y sus malos entendidos, o la obsesión por el reconocimiento a mi trabajo. Pero Malise Ruthven estaba equivocado y seguiría equivocado en creer que autoritarismo y fascismo son lo mismo. Para matizar, el fascismo es algo distinto, y mucho peor, que la simple dictadura, sin importar lo cruel que la segunda pueda ser. Esa es una lección que debería haberse aprendido hace 70 años, cuando el Nazismo alemán demostró ser una aberración genocida y salvaje de la historia europea moderna, no solamente otra forma más de dictadura opresiva de derechas o una variedad particularmente violenta de colonialismo.

De igual manera, la violencia practicada por al-Qaida y Hezboláh, y por Saddam Hussein antes de ellos, ha sido distinta de otras expresiones de arabismo reaccionario, simple ideología islamista, o corrupción violenta en el mundo poscolonial. Entre la democracia, los valores civilizados y la religión normal por una parte, y el islamofascismo por la otra, no puede haber compromiso; como he escrito antes, es una lucha a muerte. El Presidente Bush acierta al decir que "Las democracias jóvenes son frágiles... esta podría ser la última y la oportunidad de oro [de los islamofascistas] para detener el avance de la libertad". Al igual que con los Nazis, nada que no sea la victoria de la democracia como mínimo puede garantizar la seguridad del mundo.
______________________________________________________

Stephen Schwartz es Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista autor (entre otros libros acerca del islam y sus subdivisiones y diferencias) del bestseller “Las dos caras del islam: fundamentalismo saudí y su papel en el terrorismo” (Doubleday). Tras ser editor de opinión y columnista del San Francisco Chronicle durante 2 años y secretario del sindicato de periodistas de San Francisco, sus artículos han aparecido en The New York Times, The Wall Street Journal, el New York Post, el Los Angeles Times, el Toronto Globe and Mail y muchos otros. Como periodista destacó especialmente en la cobertura de la guerra de Kosovo, y desde entonces se ha convertido en uno de los principales especialistas en la región de los Balcanes y su relación con el islam.

----------------------------------------------------------

27 agosto 2006

Misión de alto riesgo


Editorial de EL PAÍS de España, 26-08-2006

La aportación de hasta 6.900 soldados europeos, es decir, casi la mitad del total, a la ampliación de la operación militar de Naciones Unidas (FINUL) en Líbano está a la altura de las circunstancias ante una misión de alto riesgo para convertir en permanente el alto el fuego entre Israel y Hezbolá. Italia, con 3.000, Francia, con 2.000, y España, con unos 1.000 soldados, aportarán la mayor parte de este esfuerzo, según se decidió ayer en Bruselas. El operativo será de entrada comandado por Francia, como antigua potencia colonizadora, y a partir de febrero próximo, por Italia.

El considerable esfuerzo italiano busca compensar su próxima retirada de Irak. La presencia en Bruselas del secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha animado a otros europeos que arrastraban los pies a aportar fuerzas, aunque entre ellos no figura Londres, pillado en la guerra equivocada de Irak. Ahora falta que Malaisia, Indonesia, Bangladesh, Nepal y, si Annan le convence, Turquía, concreten su aportación.

Hay que aplaudir que España se mostrara ayer dispuesta a enviar un millar de soldados, o más, si fuera necesario, lo que constituye un contingente superior al barajado anteriormente. Pero es obligado que el Gobierno ofrezca una amplia explicación de la misión y de sus reglas de funcionamiento para que el Parlamento apruebe, con el mayor consenso posible, la operación exterior más delicada emprendida por fuerzas españolas. Como mínimo, las tropas deben poder defenderse en caso de ser atacadas, en consonancia con las nuevas reglas para la FINUL.

A nadie se le escapan los riesgos. La guerra entre Israel y Hezbolá (en el marco de un Líbano de frágil unidad) se ha parado sin que Israel la haya ganado, lo cual en sí es una victoria para el movimiento armado chií. Annan confirmó que la FINUL no tendrá como cometido desarmar a Hezbolá, como pretendía Israel, pues tal objetivo debe alcanzarse mediante un proceso político interno libanés. Tampoco, salvo en apoyo del Ejército libanés, se encargará de evitar que por la frontera entre Siria y Líbano entren armas. Si siguen entrando, nada garantiza que Israel no rompa el alto el fuego con ataques como los de días pasados.

Hay prisas. Cuanto más tarden en llegar estas fuerzas, más se afianzará Hezbolá en el sur de Líbano y más crecerán las presiones israelíes para lanzar una segunda ofensiva. El despliegue multinacional en tres fases implica que un primer contingente de 4.000 efectivos llegue a Líbano "en cuestión de días, y no de semanas", señaló ayer Annan. La FINUL puede contribuir a pacificar la situación, pero una solución sólida y estable sólo llegará, como indicaron en París Chirac y Merkel, tras un proceso político en el que Europa puede tener un papel destacado.
Aunque la UE no participe como tal en la FINUL, con la decisión de ayer y el despliegue, Europa habrá ganado en capacidad de intermediación casi en la misma proporción en que la ha perdido EE UU en la zona.

-------------------------------------------------


Réquiem por el Líbano

Por Carlos Alberto Montaner

Fue durante un atardecer en el verano de 1957. Gobernaba Batista y la oposición recurría al terrorismo. En el club Comodoro de La Habana, un lugar de esparcimiento al que acudían familias a nadar, bailar o jugar squash, algún desalmado colocó una bomba que hirió a unas cuantas personas inocentes. Una bella muchacha lloraba nerviosa junto a dos niños pequeños que resultaron ser sus hermanos. Yo era un hombrecito de catorce años, así que fui a protegerla y me ofrecí para sacarlos a todos de aquel infierno de gritos y aullidos. En medio de la confusión me dijo que se llamaba Linda. Desde entonces, hace casi medio siglo, estamos juntos. Creo que es la única vez que un acto terrorista ha servido para algo hermoso.

La madre de Linda era libanesa y en su hogar descubrí los rasgos más notables de esa tribu fabulosa. Eran endemoniadamente laboriosos e inteligentes. Las mujeres solían ser muy bellas, y todos parecían genéticamente predispuestos para el comercio y la industria. Amaban las joyas, sabían ganar dinero honorablemente, y les encantaba hablar de cómo lo ganaban. También disfrutaban de la comida árabe y de conversar sensualmente sobre recetas y sabores. Se peleaban intensamente y a viva voz, pero se reconciliaban a una velocidad tal que los fortísimos lazos familiares nunca peligraban. Eran profundamente católicos, aunque procedían de una rama lateral de la Iglesia, los maronitas, cuyos sacerdotes, en ciertas circunstancias, tenían autorización del Papa para contraer matrimonio. Con los años, los viajes y los estudios fui percatándome de que aquella exitosa y peculiar familia a la que yo me había vinculado, lejos de ser excepcional, era casi la regla. En todas las capitales de América Latina había núcleos de libaneses cristianos que se destacaban en todos los terrenos.

En general, los libaneses cristianos emigraron a América a principios del siglo XX. Solían utilizar pasaporte turco y su lengua primaria era el árabe, pero los dos aspectos eran engañosos. No eran turcos ni árabes. Se sentían orgullosamente descendientes de los legendarios fenicios, grandes navegantes y constructores de imperios, creadores de nuestro alfabeto. Junto a griegos, judíos y romanos, se percibían como parte esencial del núcleo fundacional de Occidente, filiación que resaltaban relatando con orgullo las hazañas de los antepasados cristianos, auxiliares de las cruzadas, quienes resistieron el acoso de las tropas islámicas y la centenaria ocupación otomana, escondidos en montañas nevadas y en bosques erizados de cedros en los que aprendieron a amar la libertad.

Esa vocación occidental y moderna se vio claramente con la creación del Líbano, inventado en 1920 por los cristianos maronitas con la colaboración de los franceses, poder imperial al que, junto a Inglaterra, le tocó redistribuir los territorios arrancados a Turquía. Los libaneses (precedente que luego le sirvió a Israel), no crearon una monarquía tribal, como el resto de los territorios árabes, sino una república moderna que, sin declararlo a las claras, se definía como una entidad voluntariamente diferenciada del mundo islámico. Por eso la primera bandera libanesa (modificada unos años más tarde) tuvo los colores de la enseña francesa, más un árbol de cedro colocado en el centro. Francia entendió que los libaneses eran diferentes a los sirios y les dio un territorio distinto y aparte. Hablaban árabe y se alimentaban como los turcos, pero no eran una cosa ni la otra. Formaban una etnia mucho más abierta al progreso y al futuro, como no tardaron en demostrar. En pocas décadas, después de la Segunda Guerra, el Líbano se convirtió en la nación más rica de la zona, con un sector bancario que rivalizaba con Suiza, mientras a Beirut, con toda justicia, comenzaron a llamarla el "París del Medio Oriente''.

Obviamente, el sueño de los cristianos maronitas se va desvaneciendo en la medida en que el país se islamiza por el peso demográfico de la población mahometana, que ya ha sobrepasado ampliamente a la cristiana, más la influencia de los sirios, a lo que se agrega la presencia nefasta de Hezbolá, la organización terrorista chiita financiada y adiestrada por Irán, no sólo para combatir a Israel, sino también para minar y destruir a los infieles cristianos. Francamente, no es fácil augurarle un final feliz a este pueblo singular y virtuoso. Lo difícil no será recoger los escombros y reconstruir el país cuando callen los cañones tras esta nueva guerra entre Hezbolá e Israel. Lo difícil será impedir que el fundamentalismo religioso iraní, unido al odio antioccidental de la satrapía siria, aplasten para siempre lo que ha sido una de las expresiones más notables del espíritu humano. Hezbolá y sus cómplices no van a destruir a Israel, pero quizás puedan acabar con el Líbano tal y como lo soñaron sus fundadores cristianos.

(FIRMASPRESS.COM)
--------------------------------------------------------------

19 agosto 2006

Entrevista a Pilar Rahola

La ideología totalitaria y fascista está secuestrando el
alma islámica y matando gente en el mundo

por: JOSE LUIS MARTINEZ : Diario "La República", Montevideo

Un día le dijo al Rey Juan Carlos ciudadano y España se conmocionó. Es de izquierda, su tío abuelo fue el primer fusilado de la dictadura de Franco. Fue diputada de la izquierda republicana catalana y vicealcaldesa de Barcelona. Es feminista y está en contra de las corridas de toros. Tiene tres hijos, dos adoptados en Etiopía y Siberia, es escritora y tiene su columna en El País de Madrid. Se llama Pilar Rahola y no criminaliza a Israel. No es antiamericana aunque no le gusten las políticas de Bush. Acusa a la izquierda que traiciona la libertad en cualquier lugar del mundo. Hace una furibunda crítica a la izquierda que sale a las calles a apoyar las dictaduras fascistas islámicas y a los oligarcas petroleros que financian el terrorismo que va matando por el mundo. Y por sobre todo, defiende la democracia y la libertad, sostuvo en una entrevista con LA REPUBLICA.

"Esta no es la guerra de Israel con Palestina. Es la guerra con Irán, Siria y con un montón de oligarcas del petróleo que financian al terrorismo".

"Yo no estoy en contra de los musulmanes, estoy en contra de los líderes religiosos que en nombre de Alá matan". --Tradicionalmente producto entre otras cosas de la Guerra Fría-- la izquierda se ha alineado con el mundo árabe en contra de Israel y de su aliado, Estados Unidos. Incluso hoy, la mayor parte de la izquierda en Latinoamérica ha salido a las calles a repudiar a Israel tras su respuesta a Hezbolá. ¿Por qué, una mujer de izquierda defiende a Israel?

--No soy judía, soy de izquierda. Soy periodista y no criminalizo a Israel. No me vuelvo loca pegándole a Bush aunque Bush no me guste-- o sea, no soy antiamericana, aunque pueda ser crítica con la política americana, como lo puedo ser con la política española. No soy antiamericana en el sentido patológico que plantea alguna izquierda. Ser antiamericana y antiisraelí es políticamente correcto. Dividir al mundo entre buenos y malos como en la Guerra Fría es una barbaridad, es no ver la realidad.

Si soy --en el tema islámico-- furibundamente crítica con el totalitarismo islámico que va hoy matando por el mundo.

--¿Por qué?

--Porque no solo vengo de un partido de izquierda, soy de izquierdas. Y la izquierda entendida como esa ideología que quiere mejorar la vida de la gente tiene que basarse en la carta de Derechos Humanos, o no sirve.

Yo fui de una izquierda que nunca se enamoró de Stalin, siempre tuvo claro que fue un tirano. Nunca se enamoró de Pol Pot y nunca se enamoró de Castro, salvo en algún momento cuando éramos universitarios, pero no mucho. Siempre tuve claro que en nombre de la libertad, de la solidaridad, no se puede justificar manchar las banderas de la izquierda de sangre. Los millones de muertos no se pueden olvidar.

La izquierda antimoderna, que sí se enamoró de dictadores, continúa del lado de dictadores. No me extraña. La izquierda ha logrado convertir lo políticamente correcto en una forma de censura política y nadie se atreve a moverse de la foto. Y si la foto es, yo soy de izquierdas, ahí en lugar de hacerte preguntas tienes todas las respuestas hechas.

Te diré la verdad, yo siempre seré de izquierdas. Pero voy a atacar a la izquierda que traiciona la libertad en cualquier lugar del mundo.

Y no decir hoy en el mundo que Irán es un país fascista, que esclaviza a su gente, que paga terrorismo, que mata en Buenos Aires, o quién sabe en qué lugar. Que Arabia Saudí es una oligarquía fascista, que esclaviza a sus mujeres. Que el Islam está en manos totalitarias en casi su totalidad y que eso es un problema para el mundo. Eso lo voy a decir en nombre de la izquierda.

Y la izquierda que sale a la calle con banderitas de Hezbolá y de Irán que se vaya a vivir a Irán, y van a ver lo que significa la disidencia, el pensamiento crítico, la falta de libertad de expresión, la muerte, la falta de derechos y libertades. No es un problema de culturas, es un problema de Derechos Humanos, civiles, de libertad y de democracia.

No hay dictaduras malas y buenas. No se puede tener doble moral. Si estuve en contra de las dictaduras de Pinochet, de la de Uruguay, de las de América Latina, estoy en contra de la dictadura de Castro. Estoy en contra de las dictaduras islámicas. No se puede tener doble moral. No se puede ser inmoral.

--El conflicto en Medio Oriente es constante, más allá de las escaladas puntuales como la de hoy. ¿Tiene solución?

--El conflicto nunca tuvo visos de acabarse. Entre otras cosas porque existe un país como Israel que intentó todos los caminos. Hubo momentos de políticos duros y suaves. Hubo halcones y palomas, Rabin y Netanyahu, hubo Camp David y acuerdos de Oslo. Y en el otro lado lo que había siempre era ganar tiempo, prepararse para la guerra y no firmar nunca ningún acuerdo.

Evidentemente en todo conflicto hay responsabilidades compartidas, lo que sí es cierto es que la responsabilidad de no haber conseguido ni un atisbo de esperanza es palestina.

--¿En qué se equivocaron los palestinos? ¿Cuál fue el papel de Arafat?

--Palestina se ha equivocado siempre al escoger a sus interlocutores. Arafat fue un desastre. Fue un tipo violento, corrupto y que nunca quiso ser un estadista. Nunca quiso gestionar un Estado, quiso gestionar una épica y se cargó todas las esperanzas de paz.

--¿Cuál es tu opinión del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas?

--Tuvimos un momento de esperanza con Mahmud Abbas. Creo que es el hombre más importante que ha tenido Palestina, aunque no lo sepa. Es el hombre que mira más lejos, defendiendo a su pueblo, pero desde una perspectiva democrática. Pero Abbas ha llegado de la manito de Hamas. Y Hamas es un desastre...

--E Israel...
--Israel es una democracia, con todas sus dificultades, que lleva cincuenta años luchando por la supervivencia, y que está rodeada por países miembros de la ONU que financian grupos terroristas para destruirlo. Hablamos de millones de dólares anuales, que se dedican no a gestionar generaciones para que se entiendan, para la paz, la cultura, el desarrollo, la sanidad, sino para el terrorismo islámico. Por eso creo que lo sorprendente es que Israel aún viva, que exista. Tiene un Ejército poderoso, tiene armas nucleares disuasorias, pero delante tiene cientos de miles que están dispuestos a matarlos. Y eso qué país y a qué costo se puede aguantar.

Ahora ha habido otra guerrita y va a haber más. Esta tregua no durará mucho y eso lo sabe quien conozca esa zona.

--¿Qué tendría que pasar para que la tregua fuera definitiva, para lograr una camino hacia la paz?

--Este ciclo terminaría si mañana el mundo le dijera a Irán ni un dólar más para la guerra. Si le dijera, tú no vuelves a intervenir contra otro país. Pero la ONU no sirve para nada, Koffi Annan va de paseo, Europa está en sus cosas con sus negocios e intereses, en América Latina la izquierda se vuelve loca y sale a gritar viva Irán.

Y yo me pregunto, quién va a parar a Irán a Siria, quién va parar la ideología totalitaria y fascista que está secuestrando el alma islámica y matando gente en el mundo.

Esta no es la guerra de Israel con Palestina. Es la guerra con Irán, Siria y con un montón de oligarcas del petróleo que financian al terrorismo. Yo te aseguro que el gran problema del mundo no es Israel y Palestina, eso es una excusa. El problema del mundo es el totalitarismo islámico.

--En Europa cómo se ve este problema, teniendo en cuenta que son los vecinos más próximos del Medio Oriente...

--Este peligro lleva los siguientes números de muertos: más de 100 en Buenos Aires, 200 en Nairobi, 4.000 en Nueva York, 200 en Madrid, 50 en Londres, 500 en Beslan, 400 en Bali, 500 en Bombay, y ni te cuento los que llevan en Israel, los que murieron en Turquía, en Irak mientras que hacen una fila para conseguir un trabajo. Pensar que esto es una amenaza es una tontería, esto es una realidad.

Hace pocos días se ha abortado un atentado que podría haber causado otra masacre. Los británicos dijeron y son muy precisos en el lenguaje-- un número inimaginable de víctimas. Hablaban de aviones que iban a estallar sobre ciudades. Claro algunos dicen es una película americana. ¿Y los atentados de Nueva York? Sabes que las autoridades españolas han detenido a más de 80 islamistas que querían atentar en España, y eso que Zapatero es de los buenos, es amigo de los árabes. Cuidado, creer que el tema se resuelve siendo conciliador con las tiranías es igual que cuando Chamberlain fue con su paraguas a ver a Hitler, eran un poquito amigos, y luego vino lo que vino.

En el mundo libre --cuando digo libre digo cualquier ciudadano del mundo que rece al Dios que rece, que coma lo que coma, me da igual que sea musulmán, judío, católico o que no sea nada--, el que está a favor de la vida y la libertad, tiene que estar preocupado de que en nombre de una ideología totalitaria matan a las personas que toman un tren, un autobús o un avión.

Esta locura tenemos que tomarla en serio. Qué pasa, Uruguay no está en el mapa. Bali estaba en el mapa, Beslan, Bombay también. Estamos todos en el mapa. La trinchera hoy es el mundo.

--¿Israel es la última frontera de Occidente?

--Yo no creo que estemos en una confrontación de civilizaciones. Yo conozco gentes fantásticas en el mundo musulmán que quieren vivir tranquilos. Esta locura no les gusta y los asusta. Pero sí es cierto que 1.300 millones de personas viviendo en dictadura no ayuda. Es decir, la frontera no es el mundo islámico, es la falta de libertad. Y ahí sí es cierto que Israel está en la trinchera última. Israel es un trozo de democracia en un mundo, que no por ser islámico, sino por vivir bajo dictaduras está haciendo la guerra. Y ciertamente el judío es el más occidental de todos.

Pero, cuando tú lees los textos de Al Qaeda, de los Hermanos Musulmanes, de chechenos e incluso de Hamas, te hablan un minuto del judío, luego te hablan de Occidente y de los Cruzados, y te hablan de recuperar AlAndaluz en su locura medieval. Esto no empieza ni termina en Israel.

Desde luego que muchos israelíes creen que están haciendo el trabajo sucio de Europa, en particular, y del mundo globalmente. Y no les falta parte de razón.

--La causa islámica ha tenido muchos aliados en Latinoamérica. Incluso el presidente venezolano Hugo Chávez, además de realizar duros discursos, retiró a su representante diplomático de Israel.

--La izquierda europea y los intelectuales se pueden equivocar en muchas cosas y yo he sido muy crítica con algunas de ellas, pero con Chávez nadie se ha equivocado. Algunos piensan en América Latina que Chávez es un estadista.

Chávez es un payaso con petróleo y más clara no puedo ser.

A mí me repugna en nombre de la izquierda que yo creo, por la que lucharon y murieron mis antepasados --mi tío abuelo fue el primer condenado a muerte de Franco--, que personajes de poca categoría moral a quienes tipos como Gadafi le han dado un premio de Derechos Humanos, y que defienden tiranías como la iraní, digan que lo hacen en nombre de la izquierda. Qué vergüenza.

Yo puedo entender que algún país con problemas económicos, como Argentina diga lo siento me voy a dormir con el enemigo. Pero cuando uno se va a dormir con el enemigo no sabe cómo se despierta. Chávez es un problema. Por un lado la locura integrista aprieta las tuercas a la libertad y por la otra los populismos demagógicos hacen lo mismo en América.

Ustedes tienen en América Latina tipos de mucha más categoría política, moral y solidaria. No voy a dar nombres, pero la misma coalición que ustedes tienen gobernando Uruguay tiene mucha más categoría. Tiene mucha más categoría moral para hablar de los Derechos Humanos que este tipo.

Mire. Si algo me duele a mí es que Chávez hable de Bolívar.
Bolívar fue un hombre de una categoría intelectual, un gran masón, amigo de los intelectuales europeos, un libertador. Ese sí era un hombre de categoría. Da risa cuando personaje se compara.

Si hoy viene un hombre a su casa y le dice: tengo a mi mujer esclava, no le dejo tomar el coche, no puede casarse con quien quiere, no puede estudiar, no puede ser médico, no puede ser poeta, y además la puedo lapidar. Y te dice la televisión y los medios te censuran, no hay libertad de expresión, se persigue a los que opinan diferente, entre otras barbaridades. Si este tipo viene a tu casa tú piensas que está loco, pero claro, tiene petróleo y se convierte en el rey de Arabia Saudí. Eso mismo ocurre con Chávez. A Chávez no lo invitaríamos a tomar café, diríamos que este tipo tiene un problema. Pero tiene petróleo. El problema lo tenemos nosotros.

--Hay soluciones para el conflicto del Medio Oriente. El camino es el diálogo político con los sectores moderados del mundo musulmán...

--Yo no tengo la solución. Sólo me atrevo a verbalizar algunas cosas. Lo primero es que las grandes organizaciones musulmanas que viven en democracia tienen una responsabilidad muy seria. Yo apelo directamente a los musulmanes que viven en Uruguay, Argentina. en España, en Latinoamérica que salgan a la calle contra esta locura. Están matando en nombre de su gente. No puedo creer que estén a favor de esa locura. Están matando en nombre de su Dios. Tienen una gran responsabilidad moral.

Como dijo Luther King, el gran problema no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos.

Por supuesto que hay que trabajar con las organizaciones islámicas que no sean integristas, yo no estoy en contra de los musulmanes, estoy en contra de los líderes religiosos que en nombre de Alá matan.

Hay que hablar con los países que intentan reformas serias. Turquía es muy importante. Marruecos, siendo una dictadura enormemente rica que tiene a su gente en la miseria, empieza a dar signos interesantes porque está preocupado. Hay que cuestionar en los organismos internacionales a las dictaduras de los petrodólares, porque no puede ser que esclavicen y maten impunemente, que lapiden a las mujeres, y no pase nada. Hay que ayudar a los intelectuales musulmanes que denuncian, hombres y mujeres que se juegan el pellejo, que viven amenazados de muerte y si esconden por decir soy musulmán y esto es una locura. Y hay que decir con toda claridad que cuando son gente de izquierda que defienden estas tiranías, son traidores. Y cuando son musulmanes traicionan al Islam de paz. Y cuando son países occidentales traicionan a su propia responsabilidad, y los hay, Venezuela por ejemplo.
--------------------------------------------

18 agosto 2006

No existe fundamentalismo Islámico

Clase magistral comparada para entender el Islam

por Moshe Sharon


El "fundamentalismo" es un término proveniente del corazón de la religión cristiana. Significa fe que se obtiene por la palabra de la Biblia. Ser un Cristiano fundamentalista, o seguidor de la Biblia, no significa ir por todos lados asesinando personas. El fundamentalismo islámico no existe tampoco. Es sólo Islam y punto. Más bien la pregunta que nos deberíamos hacer es cómo interpretamos el libro del Corán. Vemos repentinamente que los más importantes voceros e intérpretes del Islam son políticos de occidente. Ellos conocen mas que todos los oradores de las mezquitas, esos que gesticulan horribles sermones en contra de todo lo que sea judío o cristiano. Los políticos occidentales identifican un Islam bueno y un Islam malo, sabiendo inclusive hallar las diferencias existentes entre ambos. Pero existe un problema, ninguno de estos interpretes occidentales sabe leer una palabra en árabe.

El Idioma del Islam

Como se ve, mucho es lo que se oculta tras el lenguaje de lo políticamente correcto, de hecho se ha perdido la verdad. Por ejemplo, cuando en occidente hablamos sobre el Islam, tratamos de utilizar nuestro idioma y aplicar nuestra terminología. Hablamos del Islam en términos de democracia, fundamentalismo, parlamentarismo y toda clase de términos tomados directamente de nuestro léxico. Mi profesor, uno de los principales orientalistas en el mundo, dice que hacer esto equivale a un reportero tratando de escribir una nota sobre un partido de críquet usando términos del béisbol. No se puede utilizar para una cultura o civilización el lenguaje de otra. Para el Islam, usted tiene que utilizar el idioma del Islam.
Principios del Islam

Permítaseme explicar los principios que rigen la religión del Islam. Por supuesto, todo musulmán reconoce el hecho de que hay sólo un Dios. Pero esto no es suficiente. Un musulmán reconoce no solo el hecho de que hay un Dios, sino que Mahoma es su profeta. Sin estos fundamentos de la religión, no se es musulmán.
Pero por sobretodo, el Islam es una civilización. Es una religión que primero y antes que nada establece un sistema legal exclusivo que sumerge individuos, sociedad y pueblos con reglas de conducta. Si usted es musulmán entonces debe comportarse según las reglas del Islam, las cuales son establecidas en el libro del Corán y difieren notablemente de las enseñanzas contenidas en la Biblia.

La Biblia

Expliquemos las diferencias. Desde el punto de vista de los eruditos y estudiosos, la Biblia relata el nacimiento del espíritu de una nación en un largo período de tiempo. Pero más importante aun, la Biblia conduce a la salvación, y lo hace de dos maneras. El judaísmo conduce a la salvación nacional no solamente la nación queriendo tener un estado, sino una nación deseosa de servir a Dios. Esta es la idea que se encuentra detrás del relato bíblico hebreo. El Nuevo Testamento que se nutre de la Biblia Hebrea lleva igualmente a la salvación, pero personal. Luego, tenemos dos clasificaciones de salvación, las cuales con frecuencia se unen o yuxtaponen.
La palabra clave es salvación y esto significa que todo individuo es guardado por Dios Mismo quien lo guía a la salvación por medio de Su palabra. Es la idea contenida en la Biblia, ya sea que nos refiramos al Antiguo o Nuevo Testamento. Todas las leyes en el texto bíblico, hasta las más pequeñas, apuntan en realidad hacia este hecho de la salvación. Otro punto sobresaliente de la Biblia es la idea de que el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. Esto intuye que usted no anda por ahí destruyendo la imagen Divina. Por supuesto, muchas personas toman las reglas de la Biblia para cambiarlas por completo. La historia es testigo de las masacres hechas en el nombre de Dios y de Jesús. No obstante, tanto el Judaísmo como la religión Cristiana hablan de honrar la imagen de Dios y sobre la esperanza de salvación, siendo éstos sus dos fundamentos básicos. La Esencia del Islam

Veamos ahora la esencia del Islam. El Islam nace con la idea que debe gobernarse al mundo. Establezcamos un contraste entre las tres religiones. El Judaísmo habla de la salvación de un pueblo simplemente que al final de la historia, cuando el mundo sea un mejor lugar para vivir, Israel como nación habitará en su propia tierra, gobernado por su propio rey y sirviendo a D'o. Por su lado el Cristianismo plantea la idea de que todos los habitantes del mundo puede salvarse de sus pecados. El Islam por su parte habla sobre gobernar al mundo. En este momento podría hacer una cita directa en árabe de lo que dice el Islam, pero este no es el objetivo, así que lo haré en inglés, dice así: "Alá envió a Mahoma con la religión verdadera para gobernar sobre todas las religiones". La idea, entonces, no es que todo el mundo se convierta a musulmán, sino que el mundo entero se someta a la autoridad y dominio del Islam. En el año 634 DC al establecerse el imperio Islámico, en siete años 640 DC se crea el centro del imperio. Se tomaron leyes y normas directamente del Corán y de la tradición atribuida al profeta Mahoma para crear un sistema jurídico o legal. Tanto judíos como cristianos podrían convivir bajo el régimen Islámico con la condición de cancelar un impuesto comunitario y aceptar la superioridad Islámica. Obviamente, los judíos y cristianos bajo el Islam fueron humillados y sigue siendo hoy así. Mahoma Sostiene que Todo Profeta Bíblico es Musulmán. Mahoma reconoció la existencia, antes de él, de los profetas de la Biblia. Sin embargo, también Mahoma dijo que todos estos profetas eran musulmanes. Abraham era musulmán. De hecho, el mismo Adán fue el primero de ellos. Igualmente Isaac, Jacob, David, Salomón, Moisés y Jesús fueron musulmanes y todos sus escritos son similares al Corán. En conclusión, debido a que la totalidad de sus héroes fueron musulmanes la historia mundial es en realidad la historia del Islam. De la misma forma, los musulmanes han aceptado el hecho que los profetas bíblicos traen consigo algún tipo de revelación. Según ellos Moisés, trajo el Taurat, que equivale a la Torah, y Jesús trajo el Ingeel, que equivale al Evangelio y se conoce como Nuevo Testamento.

La Biblia vs. el Corán

Luego, ¿porqué la Biblia no se parece en nada al libro del Corán? Mahoma explica que tanto judíos como cristianos falsificaron los libros. Si los judíos y cristianos no hubieran falsificado y cambiado sus escritos, la Biblia sería idéntica al Corán. Sin embargo, debido a que cristianos y judíos poseen algo de la verdad y revelación, el Islam concede no destruirlos [por ahora]en una guerra. Pero las leyes islámicas son muy claras los judíos y los cristianos no tienen derechos a existir independiente. Pueden vivir bajo la norma del Islam que se les proporcione sometiéndose a las reglas promulgadas especialmente para ellos por el mismo Islam. El Dominio Islámico y la Yijad

¿Qué sucede si los judíos o los cristianos no desean vivir bajo las reglas del Islam? Entonces sencillamente el sistema Islámico tiene que luchar contra ellos. A esta lucha se le llama Jihad. Jihad quiere decir guerra contra aquellos que no están dispuestos a aceptar el dominio superior islámico. Sean judíos, cristianos, politeístas o de cualquier religión. Esto es Yijad como no tenemos tantos politeístas, al menos no en Medio Oriente la guerra se centra principalmente en judíos y cristianos.
Hace poco, leí un panfleto distribuido por Osama bin Laden. En él se hace un llamado a Jihad contra el principal líder del mundo cristiano: los Estados Unidos. No porque los norteamericanos sean aliados de Israel, sino por haber mancillado con sus mugrientos pies la tierra sagrada de Arabia. Hay estadounidenses donde los no-cristianos no deberían estar. En el panfleto no se hace una sola referencia a Israel. Sólo habla de la profanación hecha por los Estados Unidos al hogar del profeta Mahoma. Las Dos Casas

El Corán percibe al mundo dividido en dos, una parte, sometida en el presente al dominio del Islam y otra parte a someterse supuestamente en un futuro. En el Islam hay muy clara separación del planeta. Cada nuevo estudiante del Islamismo lo sabe. El mundo es considerado Dar al-Islam (casa del Islam), es decir, el lugar donde el Islam gobierna y el resto del mundo se denomina Dar al-Harb es decir, casa de la guerra. El Islam no lo llama "casa de los no-musulmanes", sino que lo califica como "casa de la guerra". Es la casa de la guerra la que será conquistada al final de los tiempos. El mundo continuará siendo casa de la guerra hasta que se someta al total dominio y soberanía del Islam. Así dice la norma, pero ¿porqué? Sencillamente, por que así lo declara Alá en el Corán. Alá ha enviado su profeta Mahoma y la religión verdadera para que la verdad triunfe y someta al resto de las demás religiones.

La Ley Islámica

Dentro de la visión del Islam sobre este mundo existen igualmente estrictas normas que rigen la vida común de los mismos musulmanes. Básicamente en el Islam no existen diferencias entre sus escuelas legales.
Se pueden observar no obstante cuatro corrientes o facciones dentro del Islamismo en lo relativo al minucioso detalle de las leyes. En todo el mundo las naciones islámicas siempre han favorecido alguna de estas escuelas o corrientes. La escuela de leyes islámica más rigurosa se llama Hanbali, y su origen proviene principalmente de Arabia Saudita. En la escuela Hanbali no hay sitio para juegos ni coqueteo con las palabras. Si el Corán habla de guerra, entonces significa guerra sencillamente. Por siglos el Islam se ha caracterizado por perspectivas e interpretaciones diferentes. Gente muy valiosa atraída por las enseñanzas del Islamismo ha querido entender las cosas de manera diferente. Incluso se ha intentado extraer tradicionalismos de boca de los profetas con el fin de que mujeres y niños no sufran o mueran como consecuencia de la guerra. Existen así mismo tendencias mucho más liberales, pero no debemos olvidar que la corriente Hanbali es la más estricta siendo hoy por hoy la escuela que mayoritariamente se encuentra detrás de los actos terroristas en el mundo. Podemos hacer referencia a otras escuelas de leyes Islámicas, pero al hablar de la lucha contra los judíos o los Estados Unidos, es siempre la escuela de Hanbali la que resalta, se sigue y obedece. Tierras e Islam

La civilización del Islam creó una importante y fundamental regla en relación con la tierra y es que ningún territorio sometido al dominio islámico podrá alguna vez ser des-islamizado. Si el enemigo [no-musulmán] logra conquistar el territorio dominado antes por el Islam, éste se considerará siempre propiedad del Islam. De ahí que cada vez que se haga referencia al conflicto árabe-israelí, se escuche la palabra territorios, territorios y más territorios. El conflicto árabe-israelí encierra otros aspectos, pero el tema de la tierra es clave. El Islamismo no sólo ve la civilización cristiana como un adversario religioso, sino que la considera un tropiezo, un muro de contención, una molestia en el logro de las metas y fines islámicos. El propósito del Islam es servir de fuerza militar divina, es decir el ejército de Alá, donde cada musulmán se convierte en un soldado de este ejército. El musulmán que entrega su vida luchando por diseminar y extender la cultura islámica se constituye en un shaheed (mártir) no importando la forma que muere, porque, y he aquí lo importante, se trata de la guerra eterna entre dos civilizaciones. Luego, el conflicto bélico nunca termina. Es una guerra que está allí porque Alá lo diseñó así. El Islam debe someter, regir y gobernar. El conflicto bélico nunca tiene fin.

Islam y Paz

En el Islam la paz únicamente puede existir dentro del mismo mundo Islámico; hay paz sólo entre musulmanes. Para los llamados no-musulmanes, es decir los enemigos del Islam, sólo puede haber una opción un cese al fuego hasta que el guerrero de Alá adquiera mayor poder. Es una guerra que continua hasta el final de los tiempos. La paz solo puede venir si el lado Islámico obtiene la victoria. En esta guerra las civilizaciones disfrutan únicamente de períodos de suspensión del fuego. La medida tiene su origen en un importante precedente histórico, al cual hiciera casualmente referencia Yaser Arafat al hablar en Johannesburgo después de la firma de Israel de los Acuerdos de Oslo. Permítaseme recordar que aunque el documento de Oslo trata sobre paz: si lo lee usted ¡no lo creerá! Pensará que está leyendo algún relato de ciencia-ficción. Es decir, al leer los Acuerdos de Oslo no podrá creer que el documento fue firmado por los israelíes, gente tan versada y conocedora de la política y civilización Islámica. Semanas después de la firma de los Acuerdos de Oslo, Yaser Arafat habló en una mezquita en Johannesburgo pronunciando un discurso donde pedía disculpas: "¿Creen ustedes que firmé algo con los judíos contrario a lo que dicen las reglas de nuestro Islam?" (a propósito, tengo una copia grabada de este discurso de Arafat y lo he escuchado de su propia boca). Y continúa Arafat: "No es así He hecho exactamente lo que el profeta Mahoma hizo".
Cualquier cosa que se supone hizo el profeta Mahoma es un precedente. Lo que Arafat estaba diciendo era "Recuerden el relato de Hudaybiya". En ese lugar el profeta hizo un acuerdo de paz por 10 años con la tribu de Kuraish. Pero a los dos años Mahoma entrenó a 10.000 soldados para marchar posteriormente sobre la Meca ciudad de los Kuraishis. Obviamente, Mahoma siempre tenía algún pretexto.
Así, en la jurisdicción Islámica, hay ahora un precedente legal que permite establecer acuerdos de paz por un máximo de 10 años. Pero, la Jihad [romper los acuerdos de "paz"] debe reactivarse en el primer momento disponible.

En Israel ha tomado más de 50 años a nuestro pueblo entender que no se puede discutir sobre paz [permanente] con los musulmanes. Al mundo occidental le tomará otros 50 años comprender que hoy se encuentra en estado de guerra con la pujante y fuerte civilización islámica. Debemos de una vez entender que al discutir sobre guerra o paz, no podemos enfocar el tema en términos belgas, franceses, ingleses o alemanes. Se habla de guerra o paz siempre en términos del Islam.
El Cese al fuego como Táctica

¿Qué hace que el Islam acepte o no un alto al fuego? En realidad una sola cosa: un enemigo demasiado duro y fuerte. El cese a toda acción bélica constituye sólo una medida táctica. A veces, el Islam tendrá que acordar un cese de las hostilidades en condiciones humillantes, y esto está permitido porque Mahoma también aceptó un cese al fuego en condiciones parecidas. Es lo que Arafat expresó con tanta vehemencia en Johannesburgo. Cuando los políticos de occidente escuchan estas cosas rápidamente responden: "¿De qué me habla? Usted vive en la Edad Media. Usted no entiende los mecanismos modernos de la política y la diplomacia".
Pero ¿cuáles mecanismos? No hay sitio para mecanismos políticos donde rige y acciona el poder. Además, quiero decir que todavía no hemos visto el sangriento final. En el momento que el poder radical musulmán se apropie y controle de armas de destrucción masiva - químicas, biológicas o atómicas - éstas serán empleadas. No tengo la menor duda de ello.Ahora que por fin sabemos que enfrentamos una guerra y que lo máximo que podemos obtener de ella son treguas transitorias, debemos preguntarnos cuál es el mayor componente en el cese al fuego árabe-israelí. Y es que el bando islámico es débil mientras el otro lado es fuerte. En los últimos 50 años, desde el establecimiento de su Estado, las relaciones entre israelíes y el mundo árabe se han basado exclusivamente en el poder disuasivo.

Cuando hay Islam, hay Guerra

Lo que tenemos hoy en Yugoslavia y en otros países es debido a que el Islam logró meterse en estos sitios. Dondequiera que se permita el acceso al Islam, habrá guerra. La guerra viene simplemente como consecuencia de la actitud misma de la civilización Islámica. ¿Porqué se asesina salvajemente a los pobres de Filipinas? ¿Qué es lo que realmente pasa entre Pakistán y la India?

Infiltración Islámica

Otro aspecto adicional que debemos recordar. El mundo Islámico no sólo se manifiesta abiertamente mediante una actitud bélica, sino que también batalla por infiltrarse. Una de las cosas que occidente no entiende ni presta mayor atención es el hecho del tremendo crecimiento y desarrollo actual del poder Islámico dentro de las sociedades occidentales. Lo que sucedió en Norteamérica y en las Torres Gemelas hace poco no es algo que vino de afuera, sino de adentro. Y si Estado Unidos no despierta, un día de estos los norteamericanos se levantarán afectados en el mismo país ­ con una guerra química o probablemente nuclear.

El Final de Los Tiempos
Es relevante entender cómo cada civilización percibe el final de los tiempos. Sea Cristianismo o Judaísmo, sabemos exactamente la visión de los tiempos del fin. En el Judaísmo, es referida por Isaías: paz entre las naciones, no sólo una, sino todas las naciones. La gente no tendrá necesidad de armas y la naturaleza misma sufrirá un cambio: un hermoso fin de días y el reino de Dios gobernando sobre la tierra. Paralelamente, el Cristianismo muestra en el libro de Apocalipsis el día que Satanás será destruido. Desaparecerá el poder de las tinieblas y del mal. Esta es la visión Cristiana. Veamos cómo el Islam concibe este tiempo. Hablo ahora como historiador. Para el tiempo final, el Islam ve al mundo completamente musulmán, bajo dominio total Islámico. Victoria completa y final. No habrán cristianos, porque según las tradiciones Islámicas, los musulmanes ahora en el infierno deben ser reemplazados por otros, y los otros son los mismos cristianos.

Tampoco existirán judíos, porque antes de la venida del fin de los tiempos, estallará una guerra contra los judíos donde todos serán destruidos. Citaré ahora el enfoque de la mismísima tradición Islámica, de los libros leídos por los niños musulmanes en las escuelas: Todos los judíos morirán. Huirán para ir a esconderse detrás de los árboles y de las piedras, y en ese día Alá dará bocas a las piedras y a los árboles para expresar: "Oh Musulmán acércate aquí, hay un judío detrás de mí, asesínalo". Esto es fundamental en el Islam. Sin lo anterior, el fin de los tiempos no puede llevarse a cabo.
¿Es Posible Poner Fin a Esta Danza Bélica?

La pregunta que en Israel nos hacemos es qué pasará con nuestro país, ¿hay posibilidades de terminar con esta danza bélica? La respuesta es: "No. No, en un futuro inmediato". Lo que sí podemos hacer es buscar la situación donde podamos conseguir relativa calma por algunos años.

Para el Islam, el establecimiento del Estado de Israel revirtió la historia del Islamismo. Primeramente, según el Islam el territorio islámico fue arrebatado por los judíos a los musulmanes. Ahora sabemos que para el Islam ceder un pequeño pedazo de tierra ni siquiera es aceptable. Así que todo aquel que piensa que la ciudad de Tel Aviv es un sitio seguro para vivir comete un gravísimo error. Tierras que alguna vez fueron sometidas al Islam, son ahora territorio de los no-musulmanes o infieles. Infieles, como los Judíos, son independientes del dominio Islámico y han logrado crear su propio estado independiente. Para el Islam esto constituye anatema. Y aquí lo peor, Israel, estado no-musulmán, gobierna libremente sobre los musulmanes. Para el Islamismo esto es completamente inconcebible. Soy de los que creen que la civilización de Occidente debe mantenerse en unidad y apoyarse mutuamente. Aunque reconozco que no sé si esto será posible. Aun así, es Israel quien se encuentra en la línea frontal de batalla en la guerra entre civilizaciones.

Israel necesita el apoyo de su civilización hermana, necesita la ayuda de Norteamérica y de Europa. Israel necesita la solidaridad de todo el mundo cristiano. De una cosa estoy seguro. El creyente cristiano puede ayudar y ver esta oportunidad como camino de salvación.
--------------------------------

[Moshe Sharon es profesor de Historia Islámica en la Universidad Hebrea de Jerusalén.]

17 agosto 2006

LA DEMOCRACIA HERIDA

Por PILAR RAHOLA
« Soy una disidente del Islam ». Con estas palabras Ayaan Hirsi Ali, la diputada somalí que vive bajo el jugo de una condena a muerte fundamentalista, por su lucha a favor de los derechos humanos, encabeza su último grito a Occidente. Compañera del cineasta asesinado Theo Van Gogh, con quien trabajó codo a codo para denunciar la opresión de la mujer en el Islam, su vida está sometida a la presión de una amenaza que la condena por ser mujer, por ser musulmana y por ser libre. Empiezo esta reflexión citando a Ayaan Hirsi Ali porqué su lucha y su tragedia, pero también su soledad, son un fino termómetro de la enfermedad que hoy recorre nuestro cuerpo social. Metáfora de la resistencia en tiempos oscuros, disidente en periodo de pensamiento único, y sobretodo testimonio, Ayaan sostiene dos luchas paralelas: contra el totalitarismo de base islámica, y contra la cultura del “apaciguamiento”, en pleno síndrome Chamberlain, que recorre Europa. De sus palabras extraigo, como inicio de mi conferencia, esta reflexión que hizo en el acto de entrega del premio a la Tolerancia de la Comunidad de Madrid: "Cuando asesinaron a Theo, algunas personas en Holanda reaccionaron diciendo que si no hubiera insultado al Islam no hubiera sido asesinado. Ello pone en evidencia el estado de confusión en el que se encuentran los relativistas de la moral”. Relativismo moral, o, lo que es lo mismo, una enorme confusión de valores que hace pendular a Europa, entre el paternalismo acrítico, el miedo servil y la dejación de responsabilidades. Muchos son los síntomas de alarma y algunos se concentran, no en la amenaza visible del terrorismo o en su no menos aterradora ideología, sino en la incapacidad de nuestros agentes sociales por mantener sólidos los principios de la libertad. Hoy, en el mundo libre, hay miedo, pero como este es un estado de ánimo que no nos podemos reconocer, camuflamos el miedo en alianza de civilizaciones, en paternalismo tercermundista, en cultura de la tolerancia o, directamente, en aceptación del chantaje. Algunas de las derivadas más lamentables del conflicto de las caricaturas danesas de Mahoma, resumirían a la perfección lo que estoy denunciando.
Vayamos por partes. El corolario fundacional de Med Bridge, la organización que tiene la amabilidad de acogernos en estas interesantes conferencias, es muy claro. Quisiera recordarlo por su valor simbolico. Dicen los fundadores de Med Bridge Strategic Center: “Europa no es ella misma si no es fiel a sus valores, y debe asumir las responsabilidades legadas por su historia.” Hablan de Oriente Medio, de un futuro europeo ligado a la paz en la región, del papel que debemos asumir. Pero, en su declaración de intenciones, están hablando del futuro global de nuestra sociedad y nuestra libertad. Ciertamente, Europa no es ella misma si no es fiel a sus valores. Pero como la historia reciente de Europa está repleta de profundas traiciones a esos valores y a sí misma, habrá que activar todos los mecanismos de alerta. Hoy vivimos un nuevo periodo de amenaza totalitaria, heredero natural de los grandes totalitarismos que destruyeron el siglo XX, y aunque son distintas las circunstancias y la propia naturaleza del fenómeno, los retos que plantea son parecidos. El integrismo fundamentalista no es una religión, pero usa perversamente la mística religiosa. No es una cultura, pero bebe de las fuentes de una cultura global. No es una causa nacional, pero utiliza todas aquellas causas nacionales que pueblan el planeta islámico. Además, es ferozmente antimoderno, pero usa sin complejos la tecnología más avanzada. Como dije en su momento, a raíz del terrible atentado del 11-M en Madrid, “nos matan con móviles vía satélite conectados con la Edad Media”. Y aunque su coartada es religiosa, resulta ser, como todo totalitarismo, amante de la muerte. Extraña contradicción: ¡la defensa del nihilismo en nombre de Dios!. Más allá de causas coyunturales, con sus motivos y sus derechos, existe una ideología supranacional que ha declarado la guerra a la Modernidad. Es decir, a los principios democráticos que la rigen. En cierto sentido, condenando a muerte a los Salman Rushdie de nuestros tiempos, el integrismo islámico está intentando degollar al propio Voltaire.
Es una ideología totalitaria, pero usa las miserias y las grandezas de nuestras democracias para combatirnos, y ahí empieza el enorme reto que tenemos planteado. “Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia”, aseguró no hace demasiado tiempo el jeque Omar Bin Bakri, y no lo hizo desde una madraza coránica en Karachi o en el Sudán. Lo hizo desde su condición de ciudadano británico, perfectamente asentado en los privilegios que le otorgaba dicha ciudadanía. Ante este doble reto, ideológico y violento, que ya ha matado a miles de personas y ha fanatizado a millones, cabe preguntarse como conseguiremos mantener los principios democráticos y, a la vez, combatir con toda la dureza al terrorismo. Difícil equilibrio cuyos límites son imprecisos y probablemente flexibles. ¿Estamos haciendo lo correcto? Más aún, ¿estamos haciendo lo necesario? O, como ocurrió ante el nazismo y también ante el estalinismo, ¿sacamos a pasear nuestro paraguas de apaciguamiento, vamos a saludar al totalitario de turno, y dormimos la siesta de los justos? Lo dije al inicio de este texto, y a ello me remito: me temo que el fantasma de Chamberlain ha vuelto de paseo.
Empezaré por lo más fácil, aunque resulta bastante complejo: el terreno de la seguridad. Sin duda la democracia no puede traicionar sus principios fundamentales, sin traicionarse a si misma, pero puede activar todos sus mecanismos legales para luchar, desde la legalidad, contra una amenaza violenta. En este sentido, creo que es necesario revisar las leyes, los códigos penales y toda la red legal que nos ampara, para descubrir qué resquicios, qué fisuras utiliza el terrorismo para colarse. No todo puede ampararse en el paraguas de la libertad individual, religiosa o asociativa, y el ejemplo más claro lo dio Francia expulsando a imanes integristas, o el propio Tony Blair alentando una ley que persigue la apología del integrismo en las mezquitas. A diferencia de estos dos países, el ministro español de interior dio evidentes muestras de no entender nada cuando aseguró, en pleno debate de la ley Blair, que “en España hay libertad de culto”. La hay, y la democracia ampara ese derecho fundamental. Sin embargo, ¿qué tiene que ver la religión, con la llegada masiva de imanes wahabies, profusamente pagados por Arabia Saudí, que inundan las mezquitas europeas de discursos antioccidentales y antidemocráticos, en un planificado proceso de colonización ideológica?; ¿qué tiene que ver la trascendencia espiritual de cada religión, con los ulemas que alientan el ritual del martirio y enseñan a amar a Dios odiando a los demás?; y, ¿qué tiene que ver la religión con el desprecio a las mujeres, su segregación y su esclavitud? Una mezquita donde se reza a Alá, es un lugar de culto. Una mezquita donde, en nombre de Dios, se alaba a la muerte, es una fábrica de intolerancia, fundamentalismo y, en su última consecuencia, terrorismo. Por lo mismo, un imán es un ser espiritual. Pero un imán que usa su privilegiada condición espiritual para alentar la violencia, es un delincuente. Si la democracia quiere mantener los principios de la libertad, no puede caer en el liberalismo amoral, sino que tiene que tomar partido en contra de los enemigos de dicha libertad. Porqué un ciudadano musulmán de nuestros países, es una pieza fundamental de la condición multicultural de una sociedad libre. Pero un fanático integrista es, claramente, un enemigo. Las sociedades democráticas tienen que tener claro un principio fundamental de la democracia: que, a pesar de nuestra entrañable cultura de mayo del 68, el verbo prohibir es una garantía. O adecuamos nuestras libertades a los límites que las garantizan, o, como dice el imán Bakri, las pueden utilizar para destruirnos.
¿Qué propongo? Aquello que parece evidente y que, en poca o mucha medida, empieza a hacerse en Europa: la consideración de terroristas para los ideólogos del terror y, en consecuencia, su persecución legal. Es tan importante, para garantizar la seguridad democrática, cazar las células suicidas, como desmontar las redes intelectuales y culturales del integrismo. Redes que a menudo se alimentan de nuestras ayudas sociales, se transmutan en ong´s solidarias, se organizan en asociaciones culturales y religiosas e incluso consiguen ser los interlocutores de nuestros propios gobiernos. ¿Hemos investigado, mínimamente, las ong´s islámicas que pueblan nuestras redes internáuticas? ¿Conocemos sus discursos antioccidentales y furibundamente antisemitas? Resulta evidente que la lucha contra el terrorismo no puede ni debe producirse destruyendo las libertades individuales. Pero resulta evidente, también, que nuestros sistemas legales contienen márgenes de actuación que aún no hemos explotado seriamente. Y no me refiero a actuaciones vergonzantes que recorten, innecesariamente, las libertades individuales. Pero, entre un Guántamo, y el liberalismo más extremo, hay un campo de actuación amplio, sensato y racional. Ese campo, en muchos países europeos, aún está inexplorado. Policialmente hemos empezado a hacer los deberes. Políticamente, socialmente e intelectualmente, estamos lejos de asumir de forma prioritaria nuestra responsabilidad. Al contrario. Hoy por hoy, muchas de las políticas, de las declaraciones, de las corrientes de opinión, son, de forma inconsciente o consciente, activos aliados de la locura integrista. La famosa y mítica frase de Martin Luther King, “lo que me preocupa no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos”, está más vigente que nunca.
¿Cuáles son los agujeros negros de nuestra actuación colectiva? La primera irresponsabilidad, en la defensa de las libertades democráticas, se produce en el ámbito de la actuación política, cuyo doble rasero en función de los interlocutores, ha sido letal. El ejemplo de Oriente Medio es, en este sentido, paradigmático. Durante años Europa ha criminalizado a Israel, la única democracia que existía en la zona, ha alimentado un discurso paternalista y heroico de Arafat y, con él, de todos los movimientos palestinos, incluyendo los terroristas, ha impedido el control democrático de las ayudas occidentales, ha minimizado la ingerencia de diversas dictaduras árabes en el conflicto –todas contrarias a la paz-, y, por el camino de defender intereses espurios, ha ayudado, consolidado y mimado a las diversas teocracias, ricas, fanáticas y dictatoriales, que dominan la zona. Durante décadas hemos abandonado a los ciudadanos musulmanes a la suerte de los regimenes despóticos que los han empobrecido y fanatizado, y que no solo no los han preparado para la democracia, sino que los han vacunado contra ella. Décadas de integrismo islámico oficial, estructurado, convertido en pensamiento único, y perfectamente oficializado con su silla en la ONU y sus nobles alianzas occidentales, han sido el caldo de cultivo de una ideología mortífera. ¿Es comprensible que cincuenta años de petróleo no hayan generado ni un solo premio Nobel? Más aún, ¿es comprensible que la tragedia de millones de mujeres sometidas a códigos penales esclavistas, no hayan preocupado a ni un solo ministro de exteriores europeo? Y ¿qué decir de la ONU, auténtico blanqueador de dictaduras infames que no solo la han secuestrado en sus decisiones, sino que la han utilizado para legitimizar aquello que resulta ilegítimo? Mientras la ideología totalitaria del fundamentalismo islámico iba creciendo en los barrios periféricos de El Cairo, en los suburbios de Karachi o en las barriadas lujosas de Riad, el mundo occidental enviaba estos tres mensajes letales: un dictador islámico es un interlocutor (no así un dictador fascista); la opresión de la mujer no preocupa a nadie; e Israel es el principal culpable de todos los males. El ámbito político no solo no ha estado a la altura del derecho internacional, sino que ha minimizado al terrorismo, ha dado cobertura al despotismo fanático y no ha considerado un problema que 1.300 millones de musulmanes vivieran sin democracia en el mundo. Es decir, sin educación para la democracia.
Muchos serían los ejemplos que podría presentar, pero hay uno de emblemático. La cobertura política, como referente épico, intocable e incuestionable, de un líder violento, corrupto y dictatorial que llevó a los palestinos, durante décadas, por los caminos estériles de la guerra. Arafat fue el nuevo Che Guevara de la Europa post-mayo 68, y por el camino de convertirlo en mártir, se admitió todo. Incluso hacer una lectura maniquea del conflicto árabe-israelí, criminalizar a Israel en todas sus decisiones, y abandonarla a su suerte. Hamás es, en parte, el resultado de nuestras miserias. Y podríamos añadir la vergüenza de querer juzgar a Sharon, pero no investigar ni un solo crimen cometido por las dictaduras de Medio Oriente, el abandono de la tragedia de Darfur a su propia suerte, o las muchas genuflexiones que han hecho algunos políticos europeos ante el conflicto de las caricaturas de Mahoma. Por ejemplo, el papel de Chirac, y ello a pesar de la enorme dignidad del periodismo francés durante el conflicto. O el triste papel de Zapatero, firmando un artículo casi de petición de perdón al Islam. La última vergüenza, la protagonizada por otro español, Javier Solana, cuando, en un viaje a Arabia Saudí, mientras se quemaban embajadas, se proferían amenazas de muerte y se llenaba la calle de la abigarrada estética del fanatismo, pidió que la islamofobia fuera equiparada, como delito, con el antisemitismo. El maestro Solana consiguió, con ello, dar la imagen perfecta del europeo chamberliano: en un país que destruye todos los derechos fundamentales, no dijo nada de la libertad, banalizó el antisemitismo como si fuera una versión cualquiera de racismo -con lo cual, banalizó la Shoá-, y confundió la libertad de expresión de unos dibujantes daneses, con la islamofobia. Es decir, aceptó la presión violenta de los grupos fundamentalistas islámicos, como si fuera la manera natural de debatir los conflictos. Aceptó, por tanto, el chantaje. Lo peor es que con este tipo de actitudes, y bajo el pretendido paraguas de un bonito titular, la alianza de civilizaciones, estamos dejando huérfanos de representación a los musulmanes democráticos. Ciertamente, alianza de civilizaciones, pero ¿con quien?, ¿Con el islamo-nazi Ajmadinejad, o con la diputada Ayaan Hirsi?; ¿con los imanes que soliviantan las calles, o con la oposición democrática marroquí? ¿Con Tariq Ramadan, o con Salman Rushdie?
Si en el ámbito político, no parece que estemos a la altura, el ámbito intelectual carece de algunos de los principios que tendrían que regir su responsabilidad histórica. En este sentido, el papel de los intelectuales como vanguardia del pensamiento, ha sido, en muchos casos, deplorable. Auténticos artífices de la creación de un pensamiento antiisraelí, han proyectado una imagen paternalista de los activos terroristas islámicos, han confundido causas legítimas con ideologías perversas y han relativizado el impacto que todo ello podía comportar. Es decir, no han estado, globalmente, y salvo las notables excepciones que conocemos, a la altura de las circunstancias. Es cierto que se han alzado las voces de los Glucksmann y los Alain Filkenkraut, pero también lo es que las Universidades, los pensadores políticamente correctos y los foros de opinión han preferido escuchar a los Saramagos. Unos Saramagos que lloraban con el ojo izquierdo cada víctima palestina en manos israelíes, pero nunca lloraron los más de cien mil muertos del integrismo en Argelia, el millón muertos de la locura fundamentalista sudanesa, los centenares de muertos palestinos en manos árabes, o los miles de libaneses cristianos asesinados por palestinos. Por supuesto, por no llorar, nunca lloraron ni una sola víctima israelí, ni globalmente judía. Miremos el último y terrible caso de Ilan Halimi y el hecho, denunciado por Primo-Europe, en su carta al ministro Nicolas Sarkosy. Reproduzco un parágrafo:« Ilan Halimi avait 23 ans. Il a été kidnappé, torturé, puis tué. Cet assassinat avait été précédé de plusieurs tentatives d’enlèvement. 80% des victimes du gang des barbares (sans guillemets) appartiennent à la communauté juive, qui représente 1% de la population française.Les chiffres ne laissent place à aucune ambiguïté, à aucun déni. »
Sin embargo, ¿hemos contemplado una alarma intelectual por el creciente antisemitismo que sufren nuestras sociedades? ¿Qué hubiera ocurrido si las víctimas lo fueran por su condición de musulmanas? Determinada intelectualidad practica una indecente solidaridad selectiva.Esa solidaridad selectiva, en función de quien muere y de quien mata, es la metáfora de la traición intelectual. Una traición que ha comportado el abandono de la causa femenina, el abandono de la lucha contra la judeofobia y, lo que es aún peor, el abandono de la defensa global de la libertad. Entre el dogmatismo antimoderno de los herederos del estalinismo, y el relativismo moral de los gurús del pensamiento débil, el mundo intelectual no ha sido capaz de crear una conciencia colectiva ante el reto que nos amenaza.
¿Qué pueden hacer las democracias frente a la locura terrorista?, se pregunta este Congreso ¿Cómo mantenemos nuestras libertades y, a la vez, protegemos la seguridad? Estas serían mis propuestas básicas de actuación:
1.- Revisar los códigos penales y civiles, para adecuarlos a la nueva amenaza que estamos padeciendo. Ello implica la persecución legal de toda la red ideológica y social del fundamentalismo islámico, incluyendo imanes que promueven la violencia, ong´s que la exaltan y todo tipo de propaganda que aliente la destrucción de los valores democráticos. El fundamentalismo islámico es una forma de fascismo. Tiene que ser tratado como lo que es, una ideología totalitaria que ha declarado abiertamente la guerra a la Carta de derechos fundamentales. Perseguir policialmente a los autores de los actos terroristas, y no perseguir a los ideólogos asentados en nuestras sociedades y que gozan de todos los instrumentos democráticos para su cruzada, es un error que estamos pagando. En este sentido, cualquier paternalismo hacia el fundamentalismo, con la sana intención de proteger la multiculturalidad, es una auténtica irresponsabilidad. La democracia tiene que garantizar la pluralidad de culturas de nuestras sociedades. Con la misma intensidad, tiene que combatir a aquellos que usan esas culturas como coartada para imponer una ideología totalitaria.
2.- Considerar la lucha contra el antisemitismo como una prioridad política, intelectual y, por supuesto, policial. ¿Por qué el antisemitismo como prioridad, y no el racismo o la islamofobia o cualquier expresión de xenofobia? Porqué el antisemitismo es, de todas las formas de intolerancia, la que más ha matado en la historia, la que ha conformado una auténtica escuela de odio, y la única que ha sido capaz de crear una industria de exterminio. Podríamos decir que el antisemitismo es la escuela primera de la intolerancia y que el hecho de que hoy, en el mundo, vuelva a ser un fenómeno en claro apogeo, es un indicador de la gravedad de la situación. Un termómetro que avisa de la fiebre que padecemos. 1.300 millones de ciudadanos están siendo educados, de forma sistemática, en el odio a un pueblo cuya dimensión no llega a los 13 millones de personas. En un estudio sobre el antisemitismo islámico titulado “Viaje al infierno”, que tuve el honor de preparar para el Centro Simon Wiesenthal de París, lo expresé en estos términos: “el antisemitismo islámico ha conseguido aunar todas los lugares comunes de la judeofobia, desde los religiosos, hasta los sociales o políticos, y así se encuentran en alegre compañía desde los mitos infantiles del antisemitismo medieval cristiano, pasando por los político-sociales de la Orjana rusa en sus “Protocolos”, hasta los modernos del antisionismo (entendido como combate contra el “imperialismo) o los propios mitos coránicos.” Son tan populares las Suras dedicadas a los judíos, como leídos son el “Mein Kampf” o los propios Protocolos, y ello desde Siria hasta Malasia, desde Sudán hasta Palestina. No solo no existe una revisión de los prejuicios históricos, sino que personajes de siniestro pasado como el antiguo gran mufti de Jerusalén, Haj Amin Al Husseini, amigo personal de Ribbentrop, Rosenberg y Himmler, responsable del escuadrón “Hanjar” que provocó la matanza del 90% de los judíos bosnios y responsable, también, de haber presionado a Adolf Eichman para que no pactara, con el gobierno Británico, el intercambio de prisioneros de guerra alemanes por 5.000 niños judíos que debían ser embarcados hacia Tierra Santa, y que viajaron a Polonia, son considerados héroes épicos. Como dice el estudioso del fenómeno Patricio Brodsky, “el antijudaísmo en el mundo árabe alcanza el rango de sentido común”, “ocupa un lugar central en el pensamiento hegemónico dominante –único- en la totalidad de los países árabes, y, por la vía de la iteración de los prejuicios construida como política de Estado, va creando lentamente el consenso de que “los judíos no son parte de la humanidad”. De ahí resulta fácil la educación masiva en el estigma, el prejuicio y el odio a los judíos. En la mayoría de los casos, ese odio va de la mano del odio a los occidentales. Al fin y al cabo, ¿no es el judío el paradigma de los valores occidentales? Y así hemos contemplado, sin elevar ni una sola resolución de condena, como la televisión pública egipcia emitía, en pleno Ramadán, una serie basada en los Protocolos y el mito del complot judío internacional, como se enseña a odiar a los judíos en los libros de texto palestinos que pagamos con dinero europeo o más cerca aún, como en siete países europeos, se acaba de estrenar la producción más cara de la historia del cine turco, “El Valle de los Lobos-Iraq”. Esta película, que puede verse en 68 cines en Alemania, relata hechos como el asesinato masivo de niños y mujeres iraquíes para enviar sus órganos a Israel, en linda conexión con el mito cristiano medieval de los judíos bebedores de sangre de niños cristianos. Protagonizada por el famoso actor turco Necati Sasmaz, relata la lucha heroica del agente turco Polat Alerndar contra Sam Marshall, un comandante de las fuerzas especiales norteamericanas que actúa como virrey de la zona. Marshall es un sádico que no tiene reparos en asesinar, deportar y torturar a civiles con tal de imponer la hegemonía de Estados Unidos. Uno de los compinches de Marshall es un médico judío - una especie de doctor Mengele- que trabaja en la cárcel de Abu Ghraib y le ruega al villano que no le envíe a los prisioneros moribundos porque los necesita vivos para quitarles los órganos. Este libelo merecedor de un espacio de honor en la biblioteca de Goebbels, no solo es un éxito en Turquia, sino que lo es ¡en la Alemania turca! Y no parece que pase nada... Combatir, pues, el antisemitismo tiene que ser una prioridad en nuestras sociedades, porqué es la puerta de entrada del desprecio a todos los valores que nos representan. Aprendiendo a odiar a los judíos, se aprende a odiar.
3.- En la misma jerarquía de prioridades, es fundamental fortalecer nuestro compromiso democrático con los derechos de la mujer, porqué la esclavitud de la mujer es la piedra angular del discurso fundamentalista. Si, aprendiendo a odiar a los judíos, los niños musulmanes aprenden a odiar los principios de la tolerancia, aprendiendo a despreciar a la mujer, son educados en el desprecio a la igualdad . Cuando la propia madre, la propia hija, la propia esposa no está en un plano de igualdad y respeto, sino que puede ser sometida, despreciada y segregada, la sociedad se fundamenta en una honda miseria moral. El marido dominante puede ser, a su vez, el siervo dominado, y así hasta llegar a la pérdida absoluta de identidad. Sostengo, con convicción, que la misoginia islámica es la base de la cultura del martirio. El problema no es menor cuando encontramos, en nuestros propios barrios periféricos, un aumento alarmante del machismo más violento. No es una casualidad y va parejo al aumento del integrismo. Sin embargo, también aquí estamos fracasando, y permitimos, con la excusa de respetar el Islam, un auténtico retroceso de los derechos de las mujeres.
¿Qué decir, además, de la bondad con que toleramos que existan en el mundo decenas de países cuyos códigos penales convierten a las mujeres en esclavas? ¿Toleraríamos una nueva Sudáfrica racista? Y sin embargo toleramos alegremente las Arabias, las Qatar, las Iran sexistas. No es un tema baladí, sino un auténtico tour de force entre el Islam y la democracia, de ahí la importancia de prohibiciones como el del velo en las escuelas francesas. Francia ha hecho algunos pasos, pero la mayoría de países estamos permitiendo, tolerando y hasta “comprendiendo” la segregación de nuestras mujeres musulmanas.
4.- En la misma línea de recuperación de valores, también es fundamental que nuestra prensa y nuestra intelectualidad dejen de criminalizar al estado de Israel, porqué por ese camino lo único que consiguen es enviar mensajes equívocos al mundo islámico, legitimar los discursos de las tiranías judeofobas de la zona, y abandonar los caminos de la paz. No se está más cerca de la paz minimizando el terrorismo palestino. Ni se está más cerca de la causa palestina. Solo se está más cerca de la demagogia integrista.

5.- Y sí, sería necesario presionar con más seriedad los países que tiranizan a sus ciudadanos y los educan en el fanatismo. El principal enemigo del Islam es la falta de libertad. Y, por ende, es nuestro principal enemigo. Entiendo que la geopolítica no asume valores, sino intereses. Pero Europa, ¿no ha sido demasiado comprensiva con la implicación de Siria e Irán en la logística terrorista? ¿No es demasiado indiferente con la locura sudanesa? Ni la ONU está a la altura del momento, demasiado entretenida en demonizar a Israel como para preocuparse por unas cuántas dictaduras árabes, que secuestran su asamblea general, ni lo están la mayoría de nuestros propios países. Aún no hemos entendido que Irán no es un país exótico, con ideas feudales y un poco de extremismo. Irán, como otros países de la zona, es una gran fábrica de odio antioccidental, antidemocrático y antisemita. Es la Alemania nazi del siglo XXI, pasado por el tamiz del discurso islámico.
6.- Finalmente, ¿podemos recortar derechos individuales, en materia de vigilancia, detención, control, para garantizar la seguridad? Este debate, en la mayoría de los países, está siendo planteado en términos falaces. De hecho, la democracia revisa permanentemente sus leyes para adecuarse a los retos que la sociedad plantea, y los códigos penales se recortan o reformulan en función de cada momento. ¿O no hemos recortado derechos en la lucha contra el maltrato, por poner el ejemplo más abrupto? Si hoy tenemos una amenaza que viaja en metro o en tren, o vuela en aviones conducidos por máquinas de matar humanas, ¿cómo no vamos a recortar algunos derechos individuales? ¿Cómo no vamos a aumentar los controles y la presión policial? No estamos destruyendo la democracia, estamos apuntalando sus grietas. De hecho, la estamos defendiendo. Lo difícil es saber medir los límites.

"La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”, aseguró Albert Camus hace ya algunas décadas. Y ahí tenemos el miedo de algunos dirigentes europeos por unos simples dibujos de Mahoma. Lejos de combatir a los fanáticos, decidimos coartar la libertad. ¿Quién va a dibujar, ahora, a Mahoma? Ahí tenemos a Solana hablando de islamofobia en la Arabia donde se destruyen todos los derechos fundamentales. Ahí tenemos a la bonita Rusia tomando el te con Hamas. Ahí tenemos a Kofi Annan más preocupado por la democracia israelí que por decenas de tiranías. Ahí tenemos nuestras miserias al sol, y de esas miserias se alimenta la hidra totalitaria. Camus y la conciencia. De ello se trata. De recuperar la conciencia de la razón frente al fanatismo, la tolerancia frente al odio, la cultura de la vida frente al culto a la muerte. Y de recuperar la conciencia de nuestra responsabilidad con la libertad. Nuevamente Camus y con el finalizo:

“A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad."

-----------------------------------------

TEXTO PRONUNCIADO EN EL MARCO DE LA CONFERENCIA "LE TERRORISME. CAMUS ET LA CONSCIENCE", ORGANIZADA POR MED BRIDGE, BAJO LA DIRECCIÓN DE FRANÇOIS ZIMERAY. Palais de Luxembourg, 25 de febrero de 2006.

12 agosto 2006

Reflexiones sobre el involucramiento de Israel en Líbano


Por DAVID COHEN

Desde que se fundó el Estado de Israel siempre se pensó que el Líbano sería el segundo país en firmar la paz con Israel, porque prácticamente no existía ningún problema limítrofe entre los dos países.

Entonces, se suponía que una vez que uno de los países grandes del mundo árabe firmaría la paz, inmediatamente se abrirían las puertas para que este país más pequeño siguiera el ejemplo. Sin embargo, cuando Egipto firmó la paz con Israel, en 1979, el Líbano se encontraba en medio de una guerra civil y no estaba en condiciones de concretar este desafío.Menciono esta situación para destacar que mi país nunca ha tenido una actitud de beligerancia contra el Líbano sino, al contrario, pues el objetivo de Israel siempre ha sido alcanzar la paz y desarrollar relaciones acordes a dos países que tienen mucho en común y que, por ejemplo, han pasado períodos de franca cercanía, como en los años ´50 y ´60, cuando los guardias fronterizos de ambos países tomaban café juntos, o más tarde cuando el sector cristiano libanés manifestaba sus simpatías por Israel.


Cabe destacar que cuando Israel cumplió en el año 2000 con la resolución 425 de la ONU y se retiró completamente de la franja de seguridad que ocupaba en el sur del Líbano, los miembros del Ejército del Sur del Líbano, que compartían con Israel la custodia de esa zona, nos hicieron notar que era un error retirarse en las condiciones estipuladas por la ONU. Sin embargo, Israel, bajo la presión de la comunidad internacional y la visión del Primer Ministro Ehud Barak, quiso demostrar que le interesaba solamente la paz en la región y emprendió la retirada.

Paralelamente, los soldados del Ejército del Sur del Líbano se refugiaron en Israel por temor a Hezbolá, que tomó el control de la zona.En estos seis años desde la retirada israelí, el grupo Hezbolá, que debería haberse desmantelado y desarmado de acuerdo a la resolución 1559 de la ONU, no lo hizo y, por el contrario, se fortaleció militarmente. Asimismo, el gobierno del Líbano, que estaba obligado a desplegar su ejército en la frontera con Israel, tampoco cumplió con el mandato de la ONU.

En relación con lo anterior, quisiera comentar que me tocó ser embajador de Israel en El Salvador entre 1990 y 1993, período en el que se libraba una guerra civil con la presencia de la guerrilla FMLN. Durante mi estadía en este país, se llevó a cabo un exitoso proceso que finalizó con un acuerdo que permitió a la guerrilla entrar al juego político, participar en las elecciones e, inclusive, ganar la mayoría parlamentaria, todo lo cual se logró previo desarme y desmantelamiento de las milicias, como corresponde en un proceso de esta naturaleza.

Por el contrario, en el Líbano, una vez que Israel se retiró el año 2000, Hezbolá ingresó al juego político, entró al parlamento y a la coalición gobernante (17 diputados y 2 ministros), pero no se desmanteló y mantuvo su activismo armado, incluso en contra de las resoluciones explícitas de la ONU.

En vez de esto, Hezbolá comenzó a armarse, gracias al apoyo financiero e ideológico de Irán y a la colaboración estratégica de Siria que lo abasteció de misiles katiushas, los cuales provenían del arsenal sirio formado a lo largo de los años con material bélico procedente de la URSS y luego de Rusia.

Lamentablemente, todos hemos sido testigos de cómo el 12 de julio se inició el ataque de Hezbolá a toda la zona norte de Israel y se realizó una operación dentro de territorio israelí que terminó con ocho soldados muertos y otros dos secuestrados, dando origen a una operación del Ejército israelí para impedir los ataques. Lamentablemente, en el último mes Israel ha recibido en promedio unos 160 misiles diariamente, lo que ha paralizado el norte del país y ha generado el éxodo de un millón de desplazados hacia el centro de Israel, con serios efectos sobre la economía, el turismo, la infraestructura y, naturalmente, sobre las vida humana, con casi 100 víctimas a la fecha. Un claro ejemplo del poder de fuego de Hezbolá fue la andanada de cohetes que dejó un saldo de 15 muertos en Haifa y en el kibutz Kfar Guiladi, el domingo recién pasado (6 de agosto).

Se nos ha dicho que la reacción israelí parece desproporcionada, pero me pregunto ¿cómo puede reaccionar un país democrático, con un ejército regular, frente a una guerrilla que se esconde dentro de la población civil para lanzar sus misiles contra Israel? Y lo peor es que no hay nadie en el Líbano capaz de ejercer presión en contra de Hezbolá para que sus ataques terminen, a pesar de que estas agresiones han desencadenado una catástrofe para el propio pueblo libanés.

No hay que olvidar que la ideología de Hezbolá está principalmente sustentada en el odio religioso y al igual que sus aliados, Irán y Hamás, esta organización no reconoce a Israel y pretende borrarlo del mapa, echando a sus ciudadanos al mar.Israel, por su parte, no buscó este conflicto y su único objetivo es el desarme de Hezbolá para dar tranquilidad a la población israelí y tener una frontera segura, sin emboscadas ni secuestros. Aparentemente, por la determinación mostrada por Hezbolá, ni el gobierno libanés ni cualquier otra fuerza estarían dispuestos a sacrificar a sus jóvenes en pos de este objetivo, y solamente los israelíes que están sufriendo los costos de los bombardeos pueden asumir la riesgosa misión de desarmar a Hezbolá.

Desde el punto de vista israelí, la comunidad internacional debería darnos el tiempo necesario para cumplir este objetivo, porque la guerra contra una guerrilla no es fácil.

Al mismo tiempo, Israel, como pueblo que ha sufrido mucho durante su historia, entiende las consecuencias humanitarias que se crean en este conflicto y está dispuesto a una solución política y diplomática, siempre y cuando se asegure el desarme de Hezbolá.

Respecto al incidente en Kfar Kanna, Israel manifestó de inmediato su pesar y explicó que si hubiera sabido que en el edificio había civiles no habría realizado el ataque. En todo caso, ya se reveló que el número de víctimas presentado al principio fue muy exagerado, llegándose finalmente a la cifra de 28 muertos, contra los 56 informados originalmente, lo que demuestra los esfuerzos propagandísticos de Hezbollá.

Así, el sueño de los años ’50 y ’60, que el Líbano sería el segundo país en firmar la paz con Israel, sigue siendo un desafío que tras los últimos hechos será más difícil de abordar, aunque los tratados de Israel con Egipto y Jordania demuestran que la paz es posible.

Ojalá que en los próximos días se encuentre una solución que permita poner fin a la guerra y traer paz a los pueblos de Israel y el Líbano.

(Newsletter Shalom.cl)
------------------------------------------------------------------------------------

El autor es el embajador de Israel en Chile.

07 agosto 2006

AQUI BUSCAMOS AYUDANTES

Buscamos personas de ambos sexos competentes en el uso de Internet para desempeñarse como:

1) Asistentes en la mantención de este blog y -más adelante- de un diario digital.

2) Traductores de Inglés al español.

Inicialmente pro bono = por amor a la causa

Mande su CV abreviado.

Un volcán en erupción continua


Por JAMES NEILSON
Analista político y periodista

De todas las diversas comunidades que comparten nuestro mundo, la que más dificultades tiene para adaptarse a los tiempos relativistas que corren es la conformada por los musulmanes que, a diferencia de tantos otros, siguen resistiéndose a abandonar su fe férrea en las verdades absolutas de su credo. Puede que, como muchos nos aseguran, sólo sea cuestión de la actitud desafiante de una minoría de "fundamentalistas" reacios a entender los beneficios que trae el progreso material, pero si la historia nos ha enseñado algo, esto es que extremistas resueltos son más que capaces de apoderarse de países enteros, barriendo a los moderados, para entonces provocar una serie de guerras cataclísmicas.

Desde 1979, año del regreso triunfal del ayatolá Jomeini, las ondas de choque que fueron desencadenadas por la revolución islámica iraní están expandiéndose por el planeta entero, alcanzando lugares tan lejanos del epicentro como Buenos Aires pero golpeando con más fuerza a los países del Medio Oriente árabe en los que durante siglos los chiítas correligionarios de los ayatolás se han visto reprimidos por los sunnitas que, por su parte, también han dado luz a movimientos revolucionarios similares, como el liderado por el Osama Bin Laden y el impulsado por sus compatriotas y enemigos mortales de la casa real saudita. Los conflictos religiosos resultantes, más los aportes de distintas variantes del rencoroso nacionalismo árabe, la lucha por afirmarse de una multitud de minorías étnicas, de las que la más importante es la kurda, y el atraso económico cada vez más penoso hacen del mundo islámico un volcán en erupción continua que no sólo lleva todos los años la muerte a muchos miles de musulmanes sino que también amenaza a los demás.

Por lo pronto el país más amenazado es, cuando no, Israel. El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad quiere borrarlo de la faz de la Tierra y está en vías de dotarse de las armas nucleares que le permitirían hacerlo sin que los norteamericanos y los europeos hayan logrado persuadirlo que a menos que desista, las consecuencias para su país podrían ser apocalípticas. Mientras tanto, Ahmadinejad emplea para hostigar a Israel -y para distraer la atención de la llamada comunidad internacional de su programa nuclear- a la milicia chiíta Hezbolá, "el Partido de Dios", que está apadrinada por Irán que le ha enviado más de doce mil cohetes y otros mísiles, dinero y combatientes. Puesto que Hezbolá se ha hecho más fuerte que el ejército libanés que, de todos modos, tiene muchos integrantes chiítas, los israelíes creen no tener más opción que encargarse de la tarea de desarmarlo y empujarlo más lejos de sus propias fronteras, de ahí la guerra por ahora limitada que están librando en el Líbano, pero muchos ya se han dado cuenta de que no les será dado anotarse otro triunfo aplastante.

Mal que les pese a los israelíes, Hezbolá es una fuerza mucho más combativa de lo que resultaron ser los ejércitos regulares de países como Egipto y su táctica de usar a civiles como escudos humanos significa que es inevitable que se produzcan desastres como el de Caná en que, se dice, murió más de sesenta mujeres y niños. Aunque se haya tratado de una trampa tendida por Hezbolá o incluso, como sospechan algunos, de un simulacro armado ya que el edificio en que se ocultaban las víctimas se derrumbó horas después del ataque aéreo, no cabe duda de que los más perjudicados por el episodio fueron los israelíes que son juzgados según las severas pautas actuales occidentales, no por las imperantes en su propio vecindario. En cambio, los de Hezbolá no tienen por qué preocuparse ni por la vida propia ni por la ajena. Si uno de sus cohetes matara a centenares de civiles israelíes, festejarían la proeza porque desde su punto de vista todos, tanto los musulmanes como los judíos, son combatientes en una guerra santa. El odio hacia Israel que profesan tantos musulmanes no está exento de antisemitismo o, si se prefiere ya que el árabe también es un idioma semítico, de judeofobia. El jefe de Hezbolá, Hassan Nasrallah, no trata de disimularlo: en una ocasión dijo que sería bueno que todos los judíos se congregaran en Israel porque a sus hombres les ahorraría la necesidad de cazarlos en el resto del mundo.

En todos los países musulmanes, se difunde de modo incesante propaganda antijudía virulenta calcada de la nazi o rusa, además de la originada en el islam mismo cuyas tradiciones en esta materia son similares. Por supuesto, el que los descendientes de los "cerdos y monos" fustigados por negarse a dejarse convertir por la prédica de Mahoma se las hayan arreglado para transformarse en guerreros formidables es un agravio intolerable más para quienes se sienten muy orgullosos de las conquistas de los soldados de Alá. Por ser el islam una religión bélica si las hay -el profeta mismo fue un comandante espectacularmente exitoso-, la humillación causada por los repetidos triunfos israelíes en el campo de batalla no pudo ser más dolorosa.

Israel es el único país que está rodeado por enemigos que quieren verlo aniquilado por completo. También es el único que fue creado por un pueblo que sabe muy bien lo que es una "solución final" de la clase propuesta por Irán, Hezbolá, Hamas y una proporción nada desdeñable de los más de 1.200 millones de musulmanes del mundo. Para sobrevivir, depende de su supremacía militar, pero año tras año se reduce su superioridad sobre los decididos a destruirlo. Los israelíes saben que no pueden conformarse con un empate seguido por negociaciones en el que ambos bandos hagan concesiones porque a sus enemigos jurados no les interesa un desenlace pacífico mutuamente aceptable. Los quieren muertos o, cuando menos, expulsados de una tierra que a su juicio es una parte inenajenable del mundo islámico. Y sospechan que de sucederle una nueva catástrofe al pueblo judío, una vez más el resto del género humano le daría la espalda. Es por eso que rehúsan dejarse impresionar por las súplicas europeas de que cesen ya el fuego: a menos que antes logren terminar con Hezbolá, Nasrullah se proclamaría victorioso, sería tratado como un héroe invencible por los árabes y en seguida sus huestes se prepararían para la próxima guerra.

Es posible que los israelíes que se creen abandonados a su suerte por un mundo indiferente al destino de los judíos se hayan equivocado. Después de todo, disfrutan del respaldo firme de la superpotencia reinante, los Estados Unidos y, si bien de forma vacilante, de los gobiernos de países como Alemania y el Reino Unido. Pero es comprensible que pocos israelíes confíen demasiado en la eventual solidaridad de Occidente donde facciones izquierdistas hostiles al statu quo se han aliado con islamistas militantes y aprovechan toda oportunidad para deslegitimar el Estado Judío, tratándolo como un injerto colonialista y racista que no debería existir. Asimismo, son conscientes de que el antisemitismo está recobrando fuerza en Europa y que son cada vez más los que quieren convencerse de que si no fuera por Israel los musulmanes convivirían en armonía con los de otros credos o de ninguno.

Es una ilusión. Además de la jihad que están librando contra Israel, están en marcha otras contra los hindúes en Cachemir, contra los rusos en Chechenia y una, menor por cierto, contra todos los pueblos occidentales, comenzando con el estadounidense porque constituye el obstáculo más poderoso en su camino: la consigna favorita de Hezbolá es "¡Muerte a América!”. De caer Israel, luego de celebrar una victoria épica sobre los infieles "cruzados y sionistas", los jihadistas, con el apoyo fervoroso de más millones de musulmanes, redoblarían sus ataques en otros frentes en pos del gran sueño de un mundo entero sometido a los dictados de Alá. Tamaña ambición puede parecer absurda, pero no lo es más que las de los comunistas, de los nazis o de los imperialistas japoneses.

En una lucha a muerte entre quienes creen con intensidad en algo y los que en el fondo no creen mucho en nada, los primeros llevarán las de ganar. Puede entenderse, pues, la confianza que sienten los islamistas cuando observan lo que está sucediendo en el mundo: por un lado, están los fieles que sin pensarlo dos veces se sacrificarán en aras de la causa; por el otro, está el occidente de inclinaciones pacifistas, adicto a la autocrítica y la denigración de sus propias tradiciones, que frente a un nuevo conflicto en el crónicamente convulsionado Medio Oriente siempre propende a darles el beneficio de toda duda concebible. Asimismo, la demografía juega en su favor: las comunidades musulmanas establecidas en Europa ya cuentan con más de veinte, acaso treinta, millones de integrantes y siguen creciendo con rapidez pero los poscristianos ni siquiera se reproducen, lo que hace posible que dentro de un par de décadas sean mayoritarias en muchas ciudades y en algunos países.

(Revista Noticias, Buenos Aires, 5 agosto de 2006)